La dimensión entera de la existencia

se resume en ciclos de vida y muerte.

 

Las posibilidades se agazapan a la orilla del infinito,

esperando ejecutar el gran salto hacia la realidad.

 

Nadie decide el origen de su propia vida,

aunque sí cuan majestuosa pretende su muerte.

 

En tanto, el espíritu del mundo aflora

y asciende en solitario hacia los confines del tiempo.

 

Cada partícula suspendida

en el enorme remolino de sucesos,

asciende en aspavientos a su futuro incierto.

 

Hacia lo minúsculo o hacía lo inmenso,

coincidimos, náufragos, en este punto medio;

capa de verdad condensada en un sueño.

 

Las alas palabras motivan a moldear la materia,

a obtener cada una de sus formas,

a interpretarla cuantas veces se requiera.

 

Siempre avanzando de a poco al horizonte,

experiencia de la utopía sublime e imaginario colectivo

repleto de vida, muerte y renovación.

 

Edgar Feerman