Una bienvenida,

de verdad,

de vuelta a la vereda;

a la utopía de la victoria

y al derrotero tras la derrota.

 

Al magnetismo,

a la sinergia del mundo entero;

a su cascarón cosido, envuelto

en la masa invisible externa.

 

Recurrentes son

los caminos de la discordia.

Ocultos los senderos a los momentos

remansos de placer y consciencia.

 

Los recuerdos son las hierbas

y el amor de a deveras,

un pegamento, un perfume,

una señal difusa.

 

En el camino hacia dentro

cada célula florece

y al mismo instante guía

su corazón

a control remoto.

 

Edgar Feerman