Corrían los revolucionarios años 60, una década caracterizada por una sociedad cada vez más exigente, participativa y consciente de los cambios que se estaban dando.

Personas en su mayoría adultos jóvenes, en búsqueda de nuevas sensaciones (con la siempre sana ayuda del alcohol, marihuana y demás estupefacientes), ávidos del consumo desmedido en expresiones artísticas ya sean escritas, visuales o sonoras. Una realidad que abrió de par en par las puertas para la colaboración conjunta de creadores en busca de proyectos ambiciosos, mejor logrados y más redituables.

Si bien las colaboraciones entre personajes de diferentes ámbitos artísticos no eran algo nuevo, en este punto de la historia del siglo XX se lograron cristalizar proyectos en los que se compartían los talentos de grandes artistas, pero como suele suceder, no todos tuvieron un final feliz.

Por Abbey Road se llega a la tierra media señor Kubrick

The Lord of the Rings, un ejemplo de esos proyectos que no se cristalizaron.

Se tenía la idea de llevar a la pantalla grande un libro apenas escrito unos años antes por J.R.R. Tolkien, “El Señor de los Anillos” (1954), sería dirigido por un director de cine que estaba deslumbrando al mundo con sus películas y a quien los calificativos de controlador, megalómano, obsesivo, perfeccionista le quedaban cortos.

¿Y los actores principales?

Cuatro jóvenes integrantes de un grupo que traía de cabeza a la industria musical en todo el mundo y estaba haciendo una verdadera revolución con la juventud en donde se paraba, su nombre: The Beatles.

Desgraciadamente el proyecto no llegó a buen puerto a pesar de tener repartidos los roles en cada uno de los músicos, Paul (Frodo), Ringo (Samsagaz), Harrison (¡Gandalf!) y John (Gollum, ¡jajaja!).

Impedimentos como las carencias técnicas, falta de apoyo por parte del escritor, quizás autocrítica de Kubrick (un libro imposible de llevar en ese momento a la pantalla grande, que ni el buen Orson Welles le hubiera hecho justicia en la radio allá por los 30’s) y unos jóvenes incontrolables como “escarabajos” en pleno vuelo.

Nos quedamos con las ganas de ver en el set un agarrón de alarido:

“Kubrick vs Lennon”

Ni modo, ahí pa’ la otra…

 

Con información de Jorge Alejandro Rivas para Primera Voz