Lazos audaces, lazos sinceros,

lazos de gozo trenzado y calor,

quedaron tendidos una mañana de enero

el mes vulnerable al amor.

 

Encendimos una chispa pura

en el éxtasis de la pirotecnia alada,

reencontrando al alma en sí misma,

aunada entre dos cuerpos, desnuda.

 

Despertamos pioneros, descubridores,

cada cándida mañana siguiente,

de la tierra ignota de nuestras pieles

revueltos bajo las sábanas ilustres.

 

Lazos nocturnos, lazos desnudos,

lazos expuestos al sol,

quedaron tendidos de tórax a tórax

en la terraza infinita del amor.

 

Edgar Feerman