Uno de los principales éxodos ocurrió en 2017, con más de 700 mil refugiados rohingyas que intentaban huir de la violencia en Myanmar en búsqueda de mayor seguridad en Bangladesh, se unían a los que se habían marchado del país anteriormente.

Actualmente cerca de un millón de refugiados viven en campamentos y asentamientos improvisados en Coas Bazar, Bangladesh.

La ayuda de Médicos Sin Fronteras (MSF)dio un millón de consultas médicas a los refugiados y a la comunidad local. La coordinadora médica de MSF, Jessica Patti, describe lo que encontraron y dónde planearon enfocar sus esfuerzos, ya que todas las enfermedades se relacionan con las malas condiciones de vida de los refugiados.

De las consultas poco más de un millón fueron de pacientes con diarrea acuosa aguda, de los pacientes la mayoría eran niños menores de cinco años, vulnerables a enfermedades y que pueden perder la vida si no se atiende oportunamente.

La diarrea está relacionada con las pobres condiciones de vida y de hacinamiento en los campamentos. Los refugiados viven en pequeños refugios construidos con bambú y plástico y compartidos con muchos miembros de la familia. Tener acceso a agua potable limpia y a las letrinas bien mantenidas es fundamental para prevenir la diarrea, por lo que las actividades de promoción de la salud centradas en mejorar la higiene son cruciales.

Las malas condiciones de vida también son el detonante principal en el resto de enfermedades con mayor frecuencia. Estas son infecciones del tracto respiratorio superior e inferior; enfermedades de la piel; y fiebres de origen desconocido, que pueden ser difíciles de diagnosticar cuando los servicios de laboratorio no están disponibles.

Cuando vives en un asentamiento de refugiados donde el agua limpia es escasa, lavarse las manos no es simple.

Entre las consultas se encuentran situaciones de violencia que ocurren por incidentes dentro del núcleo familiar o de la propia comunidad, así como las de violencia sexual de género.

 

Con información de Primera Voz