Es bien sabido que la mejor manera de honrar la memoria de un escritor es regresar a esos títulos que heredó y dejaron huella en cada uno de nosotros de una u otra forma o, mejor aún, si no ha sido leído conocerlo a través de su narrativa, prosa o verso.

Dicha recomendación viene al caso hoy ‪24 de mayo‬, a 100 años de la muerte de Amado Ruíz de Nervo Ordaz, o sea, el modernista y denominado artista de las letras Amado Nervo, a quien no puede dejarse de lado por el valor estético de su escritura, que dio para poemas y novelas, pero también ensayos y cuentos.

Nació en Tepic, Nayarit, y murió en Montevideo, Uruguay, lejos de su tierra y con la experiencia de haber perdido a sus seres amados; desahuciado por la uremia en una cama de hotel, en soledad y con el único deseo de ver el Sol desde su ventana antes de dar el último aliento, pero su corazón se detuvo ‪de noche‬.

A manera de homenaje hoy recordamos cinco títulos (novelas y poemas) que Amado Nervo heredó a la literatura mexicana:

El bachiller

Novela escandalosa para su tiempo (1895), pero Nervo el modernista tenía que romper paradigmas e innovar con historias como ésta, donde un seminarista se enfrenta a la disyuntiva entre el sacerdocio o una mujer; al final la castración es una de las alternativas y es la narrativa que creó aquí Nervo lo que vale la pena destacar, leer y releer hasta agotar la elegancia de su redacción, aunque dudo que eso pueda suceder:

“El bachiller afirmó, con el puño crispado, la plegadera, y la agitó durante algunos momentos, exhalando un gemido…

Asunción vio correr torrentes de sangre; lanzó un grito y aflojando los brazos dio un salto hacia atrás, quedando en pie a dos pasos del herido, con los ojos intensamente abiertos y fijos en aquel rostro que, contraído por el dolor, mostraba, sin embargo, una sonrisa de triunfo…”

El donador de almas

Esta novela fue publicada en 1899 y a 120 años la temática sigue muy vigente, pues narra las proezas psicológicas de un doctor afamado y con una vida profesional plena; no obstante, el lado personal-amoroso contrasta con esta satisfacción y vive inmerso en una tremenda soledad, la cual ya no soporta y decide aceptar una nueva alma, por parte de un antiguo discípulo que tiene el don de otorgarlas.

De esta suerte, el protagonista Rafael Antiga cae en el amor profundo, se obsesiona con éste y vive diversas peripecias.

En paz

“¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!” Es el fragmento de uno de los poemas más conocidos de Nervo y también uno de los más analíticos, toda vez que en él se atisban momentos melancólicos en la vida del escritor, quien perdió al amor de su vida y ya no espera nada más, sólo cumplir con sus actividades laborales y diplomáticas, hasta morir en la habitación 42 del Parque Hotel en Montevideo, Uruguay.

La amada inmóvil

El dolor que provocó la muerte de Ana Cecilia Luisa Dailliez, el gran amor de su vida, se percibe al leer cada verso de los poemas que integran esta compilación, que a todas luces ofrece una probada de la fría soledad en que vivía el autor. Publicado en 1920, un año después de la muerte del escritor y ocho más tarde a la de su amada, Nervo continúa enamorado de esa mujer, a quien conoció en París, Francia, cuando en 1900 viajó como corresponsal del periódico El Imparcial para cubrir la Exposición Universal; entre otras figuras conoció a Rubén Darío, con quien trabó fraternal amistad.

La última luna

Una edición de 1943, en la que se reúnen distintos poemas en los que también se deja conocer la figura de Margarita Elisa Dailliez, hija de Ana Cecilia, que a su muerte se queda con él, quien dolido por la pérdida de su enamorada busca el amor de la adolescente. Entre los poemas que contiene la recopilación destacan La señal, En ti sola pensando o Los cinco anhelos.

Tras dejar de existir, el cuerpo de Amado Nervo fue traído a México y sus restos depositados en una tumba de la Rotonda de las Personas Ilustres, donde esta mañana las autoridades culturales le rindieron un homenaje.

Con información de Esquivel para Primera Voz