Quién no conoce o a entonado hoy en día el villancico ‘Noche de Paz’; ésta canción, es quizá, considerada la más globalizada. A sus 200 años de existencia, este tema logró frenar ‘brevemente’ una guerra. 

Fue en 1818 cuando se entonó ‘Stille Nacht, Heilige Nacht’ por dos hombres que en mitad de la noche cerrada de diciembre, con una guitarra frente a una pequeña capilla cantaban en alemán, por primera vez ‘Noche de Paz’ y desde entonces, cada víspera de Navidad, cientos la entonamos al rededor del mundo. 

El sacerdote Joseph Mohr y el organista Frank Xavier Gruber son sus creadores, y este año en Oberndorf y otras aldeas de Salzburgo, celebrarán su bicentenario con exposiciones en museos que darán cuenta de sus orígenes, así como la vida de sus autores. 

Esta canción se ha traducido a 300 idiomas y dialectos; en 2011 se agregó a la lista de Patrimonio Cultural de la UNESCO. 

Uno de los relatos más importantes con el que se le relaciona tuvo lugar en la víspera de Navidad de 1914, al comienzo de la Primera Guerra Mundial, se dice que los soldados atrincherados en el frente de Flandes dejaron sus rifles y cascos para entonar el villancico. 

En la Nochebuena de 1818, Mohr, recién llegado a la nueva parroquia de San Nicolás, le pidió a su amigo Gruber que compusiera una melodía para un poema que el mismo había escrito dos años antes. Mohr incluyó la canción en una breve ceremonia después de la misa de Navidad esa misma noche.

No se sabe qué inspiró a Mohr a componer el poema. En una carta histórica de Gruber no menciona ese detalle, pero explica la petición que recibió de Mohr para ‘escribir una melodía adecuada para dos voces solistas junto con el coro y una guitarra’.

Michael Neureiter, presidente de la Silent Night Association y coeditor de un libro dedicado al villancico, cree que la inspiración llegó del anhelo de que la paz perdurara después de superar las Guerras Napoleónicas, que tuvieron lugar de 1803 a 1815 y causaron muchos problemas económicos en la región, aunado a que Europa también experimentaba en 1816 el ‘año sin verano’, un clima más frío de lo normal que arruinó cultivos y desencadenó una hambruna. 

La iglesia original en Oberndorf ya no existe, fue destruida por fuertes inundaciones a principios del siglo XX. 

En la víspera de Navidad de 1818, la paz había llegado a Oberndorf después del final de las Guerras Napoleónicas; los habitantes tuvieron que asimilar las nuevas fronteras políticas y aprovechar el comercio de sal, que fue la columna fundamental para la economía de la región.

Serían los misioneros e inmigrantes alemanes quienes extendieron el villancico a Reino Unido, Estados Unidos y más allá.

 

Con información de Primera Voz