Andrés Manuel López Obrador como candidato afirmó que, de ganar, los mexicanos íbamos a experimentar no un cambio de gobierno sino de régimen. Por eso cada vez que le reclaman sus acciones de gobierno, acusándolo de mil cosas, recuerda que su compromiso es ir al fondo y no sólo por “encimita”.

En las redes sociales, en los chats de amigos, compañeros y hasta de familiares, hay diferencias sobre las políticas que está llevando el presidente. Hay quienes piden no hablar de López Obrador porque no es de sus simpatías; otros aplauden las decisiones que está tomando para acabar con la corrupción, pero también quienes no entienden el porqué de su austeridad republicana cuando pasa a perjudicar a las clases medias, bajas y hasta a quienes se dedican a la ciencia o al deporte.

Los puntos de vista sobre el papel que López Obrador está jugando como presidente de México también genera, para bien, puntos de vista encontrados entre analistas cercanos a los gobiernos anteriores y quienes reconocen cosas buenas del actual. Traigo todo esto a este espacio, tras la publicación de diversos artículos con puntos de vista interesantes sobre el papel presidencial.

Me llamó la atención de sobre manera, el artículo que publicó el viernes pasado en El Universal el economista y conductor de un noticiero en radio Fórmula, Oscar Mario Beteta, considerado por muchos uno de los voceros de la derecha.

Beteta ha sido serio critico de López Obrador y por eso sobre sale que en su entrega titulada: “La 4T, primera revolución moral” califique al presidente de “genuino estadista”, además de asegurar que “las tres grandes transformaciones que han redefinido y formado a México en los últimos dos siglos tienen una trascendencia extraordinaria. Pero la que se propone realizar el presidente López Obrador no tiene parangón”. Dice más: “La dimensión refundadora del Estado y la revolución moral que entraña, la hacen colosal, única, histórica, aunque su gobierno sólo le alcance para sentar las bases de esa mudanza”.

Sigue: “Su ejemplo de honradez y probidad son indubitables. Deben y pueden permear en todo el gobierno. Con eso, propiciaría una auténtica revolución moral, refundaría el Estado y, como los protagonistas de las anteriores transformaciones, se convertiría en Pater Patriae (Padre de la Patria). Ésta lo necesita…”.

El miércoles en El Financiero, Blanca Heredia Rubio, profesora investigadora asociada y Coordinadora General del Programa Interdisciplinario sobre Política y Prácticas Educativas en el CIDE, en su artículo: “Viaje sin retorno o el sentido posible de la destrucción provocada por la 4T”, de entrada, afirma: “Hasta el momento, la llegada al poder de López Obrador ha implicado más destrucción que construcción”; pone como ejemplos la cancelación del aeropuerto de Texcoco y el “colapso” de las guarderías infantiles.
Señala que, para muchos analistas, esto “es el resultado de la prisa, la improvisación, la terquedad y/o la incompetencia del nuevo gobierno y su líder máximo”, pero apunta que “es posible que (López Obrador) tengan mucha razón” y que sus decisiones no sean pura “externalidad negativa”, sino “producto de una intención deliberada de desmontar anclas centrales del viejo régimen a fin de, primero que nada, hacer imposible su retorno. En suma, destrucción no sólo como consecuencia no deseada, sino destrucción como propósito deliberado de cancelar la posibilidad de retorno a lo de antes”.

En numera, varios aspectos de la posible estrategia lopezobradorista: “Destrucción del sustento primigenio de la corrupción entendida como el amasiato sistémico entre el poder político y el dinero por la vía de la asfixia –presupuestal, de personal y regulatoria– del aparato burocrático del gobierno federal”.

“Cambio mayor y muy rápido en la correlación de fuerzas entre el gobierno y la iniciativa privada, cuyo propósito central pareciera ser el dejar claro quién manda, (…) y cambios normativos para debilitar a actores poderosos”.

Heredia termina: “Si acaso el proceso de destrucción que estamos viviendo no es pura externalidad negativa, sino también proyecto intencional dirigido a romper los nudos que sostienen el privilegio y la exclusión, nos esperan a todos, y en particular a las élites, tiempos muy incómodos y costosos”.

Por su parte, el economista y periodista Jorge Zepeda Patterson quien tiene un gran reconocimiento por su trabajo como analista político, además de ser escritor con estudios de doctorado en Ciencia Política en la Sorbona de París, dice de en su artículo: “López Obrador, el populista engañoso” publicado en el diario español, El País:

“Por la mañana el presidente mexicano propone una tesis que suscribiría un estadista de inspiración humanista, por la tarde lanza un exabrupto, voluntarista y atropellado (…) es más fácil amarlo u odiarlo que intentar comprenderlo. La derecha lo detesta y los sectores ilustrados lo desprecian, la izquierda moderna le tiene desconfianza y los mandatarios de la mayor parte de los países no saben qué pensar de él. Para muchos mexicanos, la mayoría según encuestas, el presidente es un redentor del cambio, para otros un reventador de instituciones”.

En su entrega “Crecer o distribuir”, -también en El País- Paterson señala destaca: “Hoy López Obrador quiere revertir esta tendencia. Hace bien. El modelo neoliberal más o menos salvaje que se intentó desde hace 25 años habría dado resultado si hubiese provocado ritmos de expansión tipo asiático, pero no fue el caso. El país no podía seguir desangrándose en dos mitades indefinidamente sin provocar la desestabilización y el incremento de la violencia. La elección de López Obrador es quizá la última posibilidad de resolverlo pacíficamente”

Se pregunta ¿cómo la 4T le va a hacer para mejorar las condiciones de los pobres? ¿Se les quitará a los ricos? ¿Se endeudarán las finanzas públicas? Ni una ni otra responde. Hay austeridad en el gasto y ningún atisbo de expropiaciones a la propiedad o cambios significativos en el régimen fiscal.
Termina: “Quizá no sea un período para crecer, pero sí para mejorar la distribución y acotar la desigualdad, el despilfarro y la corrupción. Es esa vara contra la que habría que medir su desempeño”.

Que no le cuenten…
Será que ahora sí la 4T le pondrá en serio un “buen estate quieto” a Germán Larrea, considerado el segundo hombre más acaudalado del país. Ahora contaminó con tres mil litros de ácido sulfúrico el Mar de Cortés. Por esto la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente sólo clausuró las operaciones de esta filial de Grupo México. Peña Nieto le perdonó el desastre ecológico en los ríos Bacanuchi y Sonora, el 6 de agosto de 2014, cuando con 40 mil metros cúbicos de lixiviados de sulfato de cobre acidulado contaminaron esos afluentes. Es el momento de demostrar que la 4T es diferente a los gobiernos anteriores.

Con información de Mario Medina para Primera Voz