Sin lugar a duda es de llamar la atención el tuit que envió el ex Secretario de Relaciones Exteriores y ex candidato del PRI a la presidencia de la República, José Antonio Meade, luego de que el canciller mexicano Marcelo Ebrard y el presidente estadunidense, Donald Trump anunciaron que no se aplicarían las tarifas arancelarias.

“Frente a condiciones muy complejas hay que reconocer el mérito de haber logrado un acuerdo en las negociaciones encabezadas por el secretario @m_ebrard. Aplicar aranceles hubiera generado un gran daño a nuestro país y a la economía de nuestra región”.

Efectivamente la aplicación de dichas tarifas hubiera significado un fuerte golpe a la economía mexicana, pero creo que en realidad Trump nos quiso asustar con el “petate del muerto”. En el fondo era un: “¡uy, ahí viene el coco!”

En Washington los negociadores americanos actuaron como sí en verdad la orden de su jefe era aplicar la medida si México no atendía su “petición;, los mexicanos, encabezados por Ebrard, participaron con sus contrapartes estadunidenses como si tuvieran una pistola en la cabeza.

En estos días, Ebrard pasó de un discurso, de alguna manera triunfalista, a uno que hablaba de que prácticamente no se estaba logrando nada, lo que prendió las alarmas entre los empresarios exportadores mexicanos, y claro está, las del gobierno federal. El ex jefe de gobierno del Distrito Federal en su cuenta de Twitter nos anunciaba que era poco probable un acuerdo.

Las declaraciones del presidente Andrés Manuel López Obrador de que México seguiría dando entrada a los migrantes centroamericanos significó el “orgullo nacionalista” de muchos por esta decisión y por lo que le dijo en la carta a su homólogo estadunidense: “recuerde que no me falta valor, que no soy cobarde ni timorato, sino que actúo por principios”.

Las expectativas frente al gobierno estadunidense en esta querella crecieron. Muchos se imaginaron que México, en desobediencia, iba a dar cabida a los centroamericanos que llegaran a nuestro país para luego buscar entrar a Estados Unidos, y que no iba a aceptar ser “tercer país seguro”, lo que implica recibir a los migrantes que quieren ingresar a EU en espera de que decida si les da asilo.

De los acuerdos signados por ambos gobiernos, el mexicano fue doblado por los negociadores de Trump. El mandatario estadunidense se salió con la suya. Cumplió uno de sus axiomas de cómo negocia él, que lo hace como empresario que gobierna un país como si fuera una de sus compañías:

“Mi estilo de negociación es bastante simple y directo. Apunto muy alto y luego sigo presionando, presionando y presionando para conseguir lo que busco. A veces me conformo con menos de los que busqué, pero casi siempre consigo lo que quiero”.

Si lo vemos desde otro punto de vista, que era necesario ceder para evitar la aplicación de los aranceles, porque se hubiera generado un gran daño al país, se ganó.

La propuesta de López Obrador de “amor y paz” que le envió a su homólogo estadunidense de profundizar en el diálogo y buscar alternativas de fondo al problema migratorio, amén de que “la política se inventó para evitar la confrontación y la guerra”, les funcionó a ambos mandatarios, pues se muestran como dialoguistas y negociadores, triunfadores-

Sin embargo, siempre estuvo, en el script de Trump, la trama de Washington: “…presiono, presiono, presiono, para conseguir lo que busco”, México, insisto, atendió sus “demandas”, aceptó las condiciones que ellos impusieron y al ganar esto, ganó ante el electorado americano que ve a su presidente doblando a México.

El mandatario estadunidense consiguió lo que quería a partir de una amenaza. Dice él: “Lo mejor es tener algo que el otro quiere o que para él es imprescindible. Hay que usar la imaginación para convencerlo que se tiene algo que el otro necesita”.

Para México era imprescindible que no se aplicaran las tarifas arancelarias, y durante todos estos días jugó con nosotros espantándonos con una supuesta decisión ya tomada que nos pondría en la lona si no se detenía la ola de migrantes que, seguramente, él alentó de manera oscura para tener una bandera como defensor de los americanos.

En la carta que López Obrador le envió a Trump, el presidente mexicano dice: “Creo que los hombres de Estado (…) estamos obligados a buscar una solución pacífica a las controversias”. Este fue el camino que buscó, el de la no confrontación, porque evidentemente el diferendo no era un pleito entre pesos completos como el de Andy Ruiz y británico Anthony Joshua que ganó el mexico-americano. Al tú por tú, hubiéramos perdido por nocaut técnico el “tiro”.

Que no le cuenten…

Si partimos de lo advertido por Meade que las negociaciones se dieron “frente a condiciones muy complejas”, se logró una victoria, pero si lo vemos a partir de que, de alguna manera, la Guardia Nacional se convertirá en la Border Patrol estadunidense, salimos derrotados.

*Periodista.

Con información de Mario A. Medina para Primera Voz