El 15 de marzo del año pasado, el analista político, Leo Suckerman, publicó en el diario Excélsior: “En marzo de este año ocurrieron un total de mil 856 ejecuciones relacionadas con el crimen organizado. Esta cifra es 13% mayor a la observada en el mes inmediato anterior, es decir, en febrero de 2018. Esto, de acuerdo con la base de datos de Lantia, consultora especializada en temas de seguridad. Contabilizando el total de este tipo de homicidios, en 64 meses del sexenio del presidente Peña, tenemos un total de 64 mil 700, un promedio de 33 por día”

Este domingo el portal Animal Político publicó: “En enero, febrero y marzo de 2019 fueron asesinadas 8,493 personas en México, se trata del primer trimestre más violento del que haya registro (un 9 % arriba del arranque de 2018 que fue récord en su momento). 95 homicidios diarios: así empieza el sexenio de AMLO”.

“De acuerdo con las cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), solo en marzo hubo 2,836 víctimas de homicidio doloso, un promedio de 91.48 casos al día. Incluso este mes superó ligeramente a los registrados en marzo de 2018 en un 2.4%. Ambas cifras son dolorosas y por consecuencia, preocupantes”.

El mismo portal habla de que hay más homicidios de los que reconoce el presidente Andrés Manuel López. Efectivamente existe una controversia entre las cifras oficiales y las que manejan algunos analistas. El hecho es que a diario suceden en el país muchos actos delictivos.

Traigo a cuento esto, tras las afirmaciones del presidente que acusa de que existe una campaña de algunos medios en contra de su gobierno, que sacan de contexto sus declaraciones o magnifican los hechos.

Estoy convencido de que el presidente se ha equivocado al pelearse con los reporteros, pues no son estos los responsables de la línea editorial de los medios donde trabajan, y como señalé en una entrega anterior, el reportero tiene la obligación de ser cuestionador y no sólo hacer preguntas simples para no molestar al poder.

Desde siempre López Obrador ha sido atacado, ha tenido que enfrentar las plumas de algunos comentaristas y/o medios, ya sea por convicción o porque hubo de por medio un buen “chayo”.

Creo que el presidente cometió un desliz cuando en una de las conferencias mañaneras les dijo a los reporteros que cubren la fuente: “…creo que ustedes son prudentes, pues si ustedes se pasan, ya saben ¿no? lo que sucede, ¿no?; entonces no soy yo, es la gente, no es conmigo, es con los ciudadanos…”.

Esto desde luego generó ruido, y con razón, se vio como una advertencia del presidente de que si no eran los reporteros prudentes al preguntar se habrían de enfrentar con la gente y las “benditas” redes sociales.

Sí, efectivamente creo que López Obrador ha cometido varios errores en su relación con los medios, pero también es cierto, insisto, persiste una campaña de golpeteo constante, como la gota que, una tras otra, golpea a la piedra hasta erosionarla. Bien dice él, que antes, era imposible que muchos de los medios se atrevieran a criticar como ahora lo hacen. Efectivamente, una campaña en contra de un político en los diarios o en la televisión no la resistían.

Muchos medios proclaman estar del lado de la verdad, pero quienes hemos trabajado haciendo periodismo a diario en diversos medios de comunicación, sabemos que la gran mayoría de las empresas periodísticas están a favor de hacer negocios, no periodismo. Pocas son las empresas que viven de hacer periodismo. Muchas hacen periodismo para respaldar a sus consorcios de diferente signo, desde hospitales, bancos, tiendas, equipos de futbol, etcétera.

Escucho a varios compañeras y compañeros que votaron por López Obrador y que ven con preocupación algunas de sus acciones y declaraciones; coincido con ellos, pero al mismo tiempo vemos que efectivamente persiste una campaña, “gota a gota”, para generar una visión “desastrosa” del gobierno morenista.

En uno de los noticieros “nacionales” nocturnos de la televisión, en las últimas semanas, la nota principal ha tenido que ver con la violencia que vivimos y los siguientes 30 minutos, nota tras nota, el noticiero ha informado de asesinatos, robos, de enfrentamientos, de secuestros, de desapariciones, etcétera, etcétera.

Son hechos que sí, efectivamente, están ocurriendo. ¿Pero por qué no fueron tan vehementes, tan transparentes, tan comprometidos con la verdad en el sexenio pasado? No recuerdo que le hayan dedicado tanto tiempo a diario a la violencia que ocurrió en los seis años de Enrique Peña Nieto, ¿Por qué antes no y ahora sí?

Que no le cuenten…

“¿Trabajar también los sábados?”, me han preguntado algunos familiares, amigos y vecinos. “¡Que no frieguen!”.

¿Y la familia? ¿Qué, no tenemos derecho al esparcimiento, a ir al cine, a hacer limpieza en la casa, a ir con la novia, a leer o al menos a rascarse la panza? Por fortuna, las comisiones de Hacienda y Presupuesto de la Cámara de Diputados recularon y decidieron desparecer del pre dictamen de la Ley de Austeridad Republicana dicha responsabilidad donde se obligaba a los burócratas del poder ejecutivo a trabajar los sábados.

 

Con información de Mario A Medina para Primera Voz