“Estados Unidos no tiene amigos, tiene intereses”, afirmó John Foster Dulles quien fuera secretario de Estado durante el mandato del presidente de EU Eisenhower.

De esto, los mexicanos tenemos claro que nuestro vecino del norte no nos ve con buenos ojos sólo porque nos “ame” profusamente, ni mucho menos porque la Doctrina Monroe, aquella de “América para los americanos”, tenía como propósito fomentar el “bienestar  de las naciones sobernas de América”. El Presidente Porfirio Díaz, estaba claro de la dificultad que representaba vivir pegaditos: “Tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos”.

Las pretensiones expansionistas hacia nuestro país nos remiten por allá de 1948 cuando desde Washington generaron conflictos para provocar la separación de Texas de México; luego vendría el desembarco en Veracruz, que obligó a los mexicanos a firmar los tratados “Guadalupe Hidalgo”, que permitieron a los estados de California, Nuevo México, Arizona, Nevada, Utah y Colorado anexarse a los EU. No olvidemos cuando izaron la bandera de las barras y las estrellas en Palacio Nacional y el enfrentamiento en el castillo de Chapultepec.

La historia estadunidense está llena de hechos que la marcan como la nación que más invasiones ha realizado en el mundo. Las venas América Latina se han desangrado por las armas del ejército invasor.

La lista es larga. Muy lejano en el tiempo, la historia nos recuerda que Puerto Rico y Cuba, sufrieron la acción intervencionista de EU en 1898. Haití, esa pequeña isla del caribe, le ocurrió lo mismo en 1915 por órdenes del presidente Woodrow Wilson para “salvaguardar los intereses de corporaciones” americanas, pero fue hasta 1934 cuando salieron del islote caribeño. De nueva cuenta en septiembre de 2004 EU promueve una revuelta contra el presidente Jean Bertrand Aristide.

El “Primer territorio libre de América” vivió en diferentes momentos de su historia actos intervencionistas. En 1902 con la Enmienda Platt se buscó anular la independencia de Cuba y, en 1961, a fin de crear una cabeza de playa para formar un gobierno provisional, militares americanos apoyaron a cubanos en el exilio para tratar de derrocar a Fidel Castro, acción militar conocida como la “Invasión de Bahía de Cochinos”.

Organizado por la CIA, el gobierno estadunidense, bajo una operación encubierta en 1954 derrocó al presidente de Guatemala, Jacobo Arbenz Guzmán, quien había sido electo democráticamente. El argumento para tirarlo fue que el “comunismo” que presuntamente enarbolaba representaba un peligro para la población chapina.

El 19 de octubre de 1983 el ejército de Estados Unidos, Barbados y Jamaica, invadieron la isla de Granda para derrocar a Maurice Bishop a quien acusaron de estar construyendo, con el apoyo cubano, una pista de aterrizaje para aviones no convencionales que a decir del presidente Ronald Reagan representaba un peligro para EU. 

Desde 1856 y hasta 1989, Panamá sufrió diversas intervenciones de los EU. La más mencionada fue la Operación “Causa Justa” como la llamó el presidente George Bush, padre. Alrededor de 20 mil soldados estadounidenses con armas de última generación atacaron por tierra y mar a Panamá, lo que derivó en la caída del general Manuel Antonio Noriega. En 1965 EU interviene en la guerra civil en República Dominicana; en 2009 elementos del ejército de Honduras arrestaron al presidente Manuel Zelaya y lo deportaron a Costa Rica con el apoyo de la CIA.

Países sudamericanos también fueron víctimas del intervencionismo. En 1964, Lyndon B. Johnson dio su apoyo a los militares brasileños para derrocar al izquierdista Joao Goulart. En la década de los 70, el apoyo a los ejércitos sudamericanos produjo la desaparición de miles de personas. En Chile, en 1973, Augusto Pinochet con el apoyo gringo da golpe de estado al presidente Salvador Allende. En 1976, Gerard Ford logró derrocar a María Estela Martínez de Perón en Argentina. Hugo Chávez en 2002 es depuesto por dos días, y al recuperar el poder acusa a Estados Unidos de apoyar el fallido golpe.

En 1961, el presidente John F. Kennedy lanzó el programa: “Alianza para el Progreso” que pretendía, presunramente, ayudar económica y socialmente a las naciones de América Latina con fin “frenar el avance del comunismo en la región”.

Después de cada acción intervencionista e invasora, el ejército más poderoso del mundo abastecía militar y doctrinalmente a cada uno de los países intervenidos. Era claro también que los intereses de las trasnacionales americanas estaba de por medio: Anaconda Nacional,  The United Fruit Company, AT&T, la industria automotriz, de alimentos, de telecomunicaciones y, desde luego, la energética, el petróleo, entre muchas.

Que no le cuenten…

Imposible dar la cara por  Maduro. Pero hay que conocer quiénes son los otros; quiénes están detrás de ellos. Alzaron la mano Donald Trump y su secretario de Estado, Mike Pompeo; se ven claramente también las manos de la ultraderecha Latinoamérica que seguramente, juntos, preparan una intervención en Venezuela. Estamos ante una lucha entre el Diablo y Satanás.

*Periodista.

Con información de Mario A Medina para Primera Voz