El 22 de junio del año pasado el portal Sin embargo publicó que “ocho millones de cuentas falsas en siete redes sociales actúan en el presente proceso electoral, de acuerdo con un estudio de Metrics una consultora basada en inteligencia artificial”. Se precisaba que “son los bots y trolls de 2018, cuentas que a veces actúan como robots y otras, con las manos de un ser humano; que integran masas virtuales para atacar o defender; que juegan a inflar diálogos y apelar al interés de la opinión pública”.

A esos bots y trolls, la publicación los identificaba como “seres hechizos”, y explicaba que, hasta ese momento, “han posicionado cien temas, una actividad en la que el candidato del Partido Revolucionario Institucional (PRI), José Antonio Meade Kuribreña, es el que ha resultado más favorecido”.

El domingo pasado, en el portal Aristegui Noticias, el articulista y editor Ricardo Sevilla publicó un texto donde afirma que desde enero del 2017 se echó a andar una campaña cuyo objetivo era que Andrés Manuel López Obrador no ganara la elección presidencial.

Lo escrito en dicho texto lo volvió a ratificar en la entrevista que este lunes le hizo Carmen Aristegui. Reconoció que fue parte de un grupo cuyo trabajo “intelectual” era realizar materiales “para atacar la imagen del político tabasqueño. El rigor era mínimo. Se trataba, en el peor de los casos, de hacerlo parecer zafio, intolerante y, sobre todo, como un dictador”.

A decir de Sevilla, como lo publicó el diario Eje Central en el reportaje “Operación Berlín”, en este complot tendrían que ver el historiador Enrique Krauze y los empresarios Alejandro Ramírez de Cinépolis, Agustín Coopel de grupo Coopel y Germán Larrea, director ejecutivo de Grupo México, la empresa minera más grande del país.

Desde la campaña presidencial 2012 la presencia de bots y trolls se ha convertido, de manera particular, en un lugar común en nuestra vida política. Funcionarios, legisladores, líderes, todos, de una u otra manera, hacen uso de esos “seres hechizos” para crear tendencia o para atacar sus contrincantes.

Durante la campaña presidencial se aseguraba que el candidato de “Juntos Haremos Historia” hacía uso también de bots y trolls para posicionar a López Obrador, pero sobre todo para “atacar” a quienes embestían al aspirante presidencial. De aquellos, se decía, usaban sus cuentas para “proteger” a López Obrador, y fueron bautizados, de manera despectiva, con el nombre de chairos, además de ser considerados como ignorantes.

De Ricardo Anaya y José Antonio Meade, se comentaba que en sus cuartos de guerra respectivos se había contratado a “mentes brillantes”, especialistas en el manejo de redes sociales, pero, sobre todo, intelectuales que se encargaban de los contenidos.

Según Sevilla, Fernando García Ramírez colaborador y amigo de Enrique Krauze, era quien se encargaba de pedir la información que pudiera afectar López Obrador; el propio Sevilla reconoció que era él uno de los tres que se encargaban de hacer dicho trabajo sucio.

Éste, durante todo el lunes -en entrevistas- repitió lo escrito en su artículo y lo que le dijo a Aristegui a manera de “mea culpa”; que su tarea era hacer “sustento intelectual”, que “alimentaba perfiles apócrifos para inocular pensamientos anti lopezobradoristas.

Es decir, en pocas palabras, sí partimos de la verdad de Ricardo Sevilla, lo que formó Enrique Krauze fue un equipo encargado de los contenidos para tratar de descarrilar al aspirante presidencial de Morena con el respaldo de empresarios millonarios que, por cierto, le pagaban muy poco por el trabajo intelectual que realizaba: 25 mil pesos mensuales. La propia ex coordinadora de campaña de López Obrador, Tatiana Cloutier había señalado que Krauze estaba detrás de dicha operación.

En entrevista con Ciro Gómez Leyva Krauze afirmó: “nunca maquiné nada. Punto”; “nada contra López Obrador, que no se haya escrito en mis ensayos y en mis libros desde 2005 para acá; eso no es una maquinación es la expresión de una preocupación y una crítica apolítica perfectamente válida”, sostuvo el autor de Caudillos culturales de la Revolución Mexicana.

Se puede aceptar que la campaña anti-López Obrador no es ilegal en el manejo del discurso, no así con los elementos que precisa la ley y que el escritor tiene todo el derecho a la crítica, pero el fondo es forma y la forma es fondo.

Por más que Enrique Krauze niegue que él no estuvo detrás de dicha campaña, es poco creíble que así sea. El señalamiento no parece un “chisme”. La huella y la estridencia que ha dejado en su oposición contra el ahora presidente de la república -recuérdese “El Mesías Tropical” y otras colaboraciones-, lo hacen candidato, quiérase o no, a pasar de intelectual orgánico a un “ser hechizo” y a que se le llame “Troll fifi”, sólo que él muestre, fehacientemente, que hay un complot en su contra.

Que no le cuenten…

Más que peligrosas se pueden convertir los ataques hacia periodistas que asumen posturas contra el presidente de la República. Es claro que hay muchos que, con pago de por medio, se encargaron y se siguen encargando de golpetearlo. Se debe de evitar que pueda ocurrir algo contra un periodista por el solo hecho de hacer una pregunta o crítica incómoda, aunque sea de manera válida y sana.

Los libros de periodismo nos “enseñan” que los periodistas debemos informar con objetividad, a pesar de ser relativa. El gobierno está obligado a cuidar de la libertad de prensa, y que los ataques no se den, aunque, ni modo, hay quienes deben aguantar la crítica y los señalamientos por ser punta de lanza de “oscuros intereses” o. mejor dicho, de “claros intereses”.

 

Con información de Mario A Medina para Primera Voz