Surgido de los principios de la revolución mexicana, el Partido Revolucionario Institucional (PRI) está, tal vez, en el momento más crítico de su historia. Cumple 90 años, que seguramente no podrán “celebrar”, pues están muy lejos del poder absoluto que llegaron tener durante cerca de 70 años.

El 1 de junio pasado, sobre el tricolor pasó un tsunami que lo devastó, que terminó prácticamente con la hegemonía que había alcanzado durante décadas, que provocó el despreció de su militancia pero también su frustración por los gobiernos que se dedicaron a asaltar a la nación y a robar a la población.

El PRI fue absoluto desde 1929 hasta 1997, cuando no alcanzó la mayoría en la Cámara de Diputados; en el 2000 perdió la Presidencia de la República y nuevamente en el 2006, y al mismo tiempo, por primera vez, se quedó sin la mayoría en el Senado. Hoy de 32 gobernadores sólo tiene 11; mientras que en el Congreso de la Unión está representado por mini bancadas.

Su presidenta nacional, Claudia Ruiz Massieu, al conmemorar el aniversario del priismo este lunes 4, llamó a la militancia a “iniciar una nueva transformación, ver hacia delante y reformular una nueva oferta de acción política”.

En el auditorio Plutarco Elías Calles, que lleva el nombre de uno de los personajes más emblemáticos del PRI, reconoció que la historia de este partido es de luces y sombras, de claroscuros, pero sin embargo su ufanó en afirmar que han practicado y representan “la política del consenso; la política propositiva y de resultados”.

Ruiz Massieu se atrevió a asegurar que como partido significan “la convicción de que se puede hacer justicia social sin coartar el libre mercado, ni esperar que éste resuelva las desigualdades. El PRI representa la certeza de que se puede ser al mismo tiempo un gobierno democrático y eficiente. Un gobierno que construye acuerdos políticos desde la fuerza de la razón, no que avasalle desde la fuerza de los números”.

El discurso de la sobrina de Carlos Salinas de Gortari suena hueco, falsario, y no sólo por lo que representa ser pariente del personaje que prometió, cuando estuvo al frente de la presidencia de la República, que México formaría parte del primer mundo, sino también porque durante los últimos 30 años, la población sólo supo de la “justicia social” en los discursos; supo que el libre mercado sólo fue una fantasía del pueblo y una realidad que enriqueció a empresarios nacionales y extranjeros.

¿Cómo puede afirmar doña Claudia que “el PRI representa la alternativa del equilibrio y gobernabilidad”? cuando, al menos, en los últimos años la corrupción del gobierno peñista, ha sido el signo más oprobioso en historia reciente de México.

¿Quién puede creer que el PRI va a cambiar, que entrará a “una nueva etapa del pensamiento revolucionario, que actualizará las ideas liberales de Madero, Carranza, Calles, Cárdenas y Colosio, para que hoy y en el futuro, siga teniendo vigencia”?

¿Quién le puede creer a la presidenta priísta que articularán una definición ideológica, que “reformularán su oferta programática para plantear una alternativa de desarrollo e inclusión, de democracia y justicia social que el pueblo de México le exige al partido histórico de la Revolución Mexicana”? ¿Por qué no lo hicieron antes?

¿Quién puede creer que el PRI va a cambiar cuando los candidatos a presidir el tricolor son los mismos que se silenciaron, que se alejaron de sus principios básicos, cuando no dijeron nada de la corrupción que se practicó en el gobierno de Enrique Peña Nieto, cuando se abstuvieron de protestar por los bajos salarios que se les pagaba a la clase trabajadora, y mil cosas más contra el país y la población?

¿Quién puede creer que Ulises Ruiz o René Juárez Cisneros van a hacer del PRI el parido del cambio? ¿Quién puede creer que José Narro hará del PRI un instituto político distinto cuando detrás de él están Manlio Fabio Beltrones y Emilio Gamboa? ¿Quién puede creer que Ivonne Ortega va a revolucionarlo cuando fue claro que cuando presuntamente protestó contra el gasolinazo sólo fue una farsa, ya que nunca lo hizo cuando se aprobaron las reformas estructurales de Peña Nieto.

¿Acaso el PRI será otro, ahora sí? ¿Descansará en paz?

Que no le cuenten…

¿Por cierto el PRD será distinto? ¿La revolución democrática será por fin? ¿Morirá? o ¿tendrá la misma suerte que el PRI?

 

Con información de Mario A Medina para Primera Voz