Push, push, push, push , push, se repetían los disparos de aquel subfusil tipo uzi de juguete con el que un niño, de no más de nueve años, disparaba.

Su blanco eran los pasajeros del otro lado del andén de la estación del Metro Tepito. El sonido que hacía seguramente era el que se imagina debería tronar el arma; lo hacía con chasquidos de su boca. En su fantasía, probablemente, varios de los pasajeros quedaron tirados en el piso en lo que llegaba su tren.

El arma original de origen israelí “es una de sus versiones más pequeñas y novedosa, es considerada una pistola automática”, según Wikipedia.

La Convención sobre los Derechos del Niño de las Naciones Unidas tiene el propósito de dar protección a los niños frente a cualquier forma de violencia. Esta convención ha sido ratificada por casi todos los países del mundo, donde se busca salvaguardar los derechos a la integridad personal y emocional de los niños y sobre las obligaciones de los estados de protegerlos, particularmente “de todo tipo de violencia física o mental”, de la explotación sexual y de cualquier otro tipo.

En un documento de la Unicef se señala que “la idea de que algunos niños nacen ´malos´ y están destinados a ser violentos todavía perdura, y tiene como consecuencia, en muchas sociedades, respuestas punitivas y con frecuencia violentas hacia el comportamiento infantil. Sin embargo, las investigaciones realizadas sobre el desarrollo infantil no apoyan en modo alguno esas teorías negativas. El comportamiento violento de los niños a menudo tiene su origen en la violencia de los adultos hacia los niños, normalmente la que se produce en sus hogares”, se explica.

Este mismo documento se refiere a los efectos que las imágenes violentas que aparecen en los medios de comunicación como la televisión, los vídeos o más recientemente en imágenes generadas por las computadoras tienen en los niños. “La principal preocupación radica en que una exposición continuada de los niños a estas imágenes puede volverles insensibles a la violencia y animarles a imitar esos comportamientos violentos”, se destaca.

Por fortuna, los “juguetes agresivos” que se considera su propósito es estimular el comportamiento o la fantasía relacionados con el daño a otra persona, ha sido motivo de preocupación, lo que ha permitido que en muchos países se busque sensibilizar a los niños respecto a la violencia e inhibir cualquier tipo de juegos violentos por otros más creativos, que estimulen la imaginación y el bien común.

En el estado de Puebla, apenas en el mes de septiembre pasado, se llevó a cabo la campaña “Juguemos sin Violencia” patrocinado por el gobierno estatal y la Sedena donde los niños intercambiaron 3 mil 200 juegos bélicos por el mismo número de juguetes didácticos

Hace ya casi nueve años, la bancada del PVEM en la Cámara de Diputados presentó una iniciativa de reforma para prohibir en escuelas y espacios públicos del país el uso de juguetes que puedan estimular un comportamiento bélico en los niños.
El hecho es que poco se ha avanzado en su ´prohibición legal. Por fortuna hoy la sociedad se ha concientizado sobre este grave problema y existe una importante responsabilidad por parte de las y los padres de familia de no comprar a sus hijos juguetes bélicos. Sin embargo éstos se siguen comercializando, principalmente artefactos de origen chino, aunque de algunas empresas han decidido no venderlos más.

Adentro del vagón aquel niño siguió disparando: Push, push, push. Su ojo lo ponía en la mirilla y repetía los disparos con su uzi.
El pequeño viajaba solo sin que nadie se preocupara por él. Interrumpí sus disparos cuando le pregunté si le gustaba su juguete. Su respuesta fue: “Tengo una pistola de verdad que mi papá me regaló”, y antes de que yo indagara más, él me interrogó: “¿conoce las de diábolos?, son como las de verdad, disparan a la gente”.

Le pregunté que dónde vivía y me dijo que en Avenida del Trabajo, que cursa el 4º grado de primaria en una escuela que está en la calle República de Argentina, pero me esquivó cuando le pregunté a qué se dedicaba su papá: “¿Para qué quiere saber?”, respondió.

El niño bajó en la Lagunilla, apenas en la siguiente estación, siguió disparando su uzi: push, push, push, push…
Cuando se cerró la puerta del vagón varias miradas voltearon a mí, como queriéndome decir lo mismo que aquel joven que escuchó todo y yo no me había dado cuenta.
“No es posible que su propio padre le compre armas, no es posible; al rato podría ser un asaltante o asesino en potencia y su padre su promotor”.

Que no le cuenten…
En un artículo publicado en el portal de Antorcha Campesina, su dirigente Aquiles Córdova afirma: “Por eso el fascismo, dije y digo, no es un asunto personal; su poder destructor no reside en un “loco” como Hitler, sino en las fuerzas económicas, políticas y militares que lo sostienen”.
Quienes conocen un poco de la historia de esta organización y de Aquiles Córdova sabe que detrás de ellos están en resumidas cuentas “ciertos” intereses priístas para cuando quieren golpear al enemigo, incluso, “quitarlo de en medio”, no le hace que sea del mismo partido y menos, desde luego, si no aceptan sus presiones. Su historia es más que negra.

Con información para Primera Voz