Estaba convencido de que Andrés Manuel López Obrador habría de anunciar que Texcoco había ganado, incluso en oposición a la que en campaña todos supimos que prefería.

¿Por qué?, porque según yo, para él era preferente entrar en conflicto con la población de Atenco; porque el costo político era menor que con los empresarios, es decir, que aunque la consulta fuera favorable para Santa Lucía, iba anunciar que había ganado Texcoco. Mi cálculo político fue erróneo.

Si bien la consulta dejó mucho que desear, y por ello provocó un sinnúmero de perspicacias, de todas maneras Santa Lucía hubiera sido la ganadora; el apoyo de quienes hicieron ganar a López Obrador sigue vivo, y por ello hubiera sido exitoso que un par encuestadoras como Consulta Mitofsky y Parametría hubieran participado.

Una historia similar se dio en Francia a principios de este año cuando el presidente de ese país, Emmanuel Macron, optó por cancelar la construcción del aeropuerto de Notre-Dame-des-Landes que había provocado un enfrentamiento entre ecologistas y políticos locales.

Macron optó por cancelar la obra, incluso, en contra de su compromiso de campaña de construirlo y de respetar el resultado de un referéndum que se realizó en 2016, donde el 55% de los habitantes de la zona se manifestaron a favor de la obra.

El presidente francés decidió abandonar el proyecto de forma definitiva, restituir las tierras expropiadas a los agricultores, lo que le valió los aplausos de los ecologistas, pero contrariamente esta decisión le provocó una gran molestia de quienes iban a salir favorecidos con el aeropuerto y, desde luego, de la derecha francesa.

En México, al ver las declaraciones de los dirigentes empresariales, al leer la información que se ha venido destacando y cómo se ha manejado por una buena parte de los noticieros de la radio, televisión y medios escritos, el gran problema, la queja, tiene que ver con el dinero. Hablan de los miles de millones de pesos que se van a perder, sí. Se dicen preocupados porque se van a ir a la calle miles y miles de personas, “se van a quedar sin trabajo”, se lamentan. ¿Desde cuándo acá se alarman porque esa gente se quedaría sin empleo? Hoy los quieren como sus aliados.

Es claro que cuando se trata de hacer negocios, lo que menos les importa es la protección al medio ambiente que fue el argumento principal de los ambientalistas, por todo lo que significa para la naturaleza aquella zona de Texcoco. Sí acaso hacen campañas de “concientización” para no tirar basura, pero no más allá.

Es lógico hay toda una campaña contra la decisión que se tomó. Muchos de quienes han sido los beneficiarios de “apoyos publicitarios” a gran escala –por decirlo eufemísticamente- y de otros favores por parte del gobierno que se va, y aun de anteriores, seguirán descalificando el fallo.

A decir del diario El País, la decisión que tomó Macron sobre un litigio de medio siglo, “es una victoria para los activistas que ocupan los terrenos donde debía construirse la infraestructura y para los oponentes en toda Francia a un proyecto que simbolizaba el enfrentamiento entre modelos de desarrollo”.

Ambos casos en algo se parecen: Texcoco representa el proyecto neoliberal, el gran negocio de un puñado de empresarios; Santa Lucía simboliza a quienes se oponen a ese sistema económico, como son los propios ambientalistas; centros de estudios y académicos.

Y sí, Texcoco fue el negocio que no fue; la corrupción que se quiso hundir bajo un lago.

*Periodista

Con información de Mario A. Medina para Primera Voz