“Mire, ese es el Secretario de Comunicaciones, es el que se encarga de los negocios, es el hombre de todas las confianzas del gobernador”, me lo describió un funcionario del Estado de México, previo a una reunión entre representantes gubernamentales del entonces Distrito Federal y del Estado de México donde se iban a revisar asuntos metropolitanos.

Desde entonces me llamó la atención aquel personaje que antes de ser Secretario de Comunicaciones del gobierno del Estado de México de 2005 a 2011, tuvo cargos de importante influencia como secretario general de gobierno de 1981 a 1987, durante el mandato de Alfredo del Mazo González, padre del actual ejecutivo estatal y tío de Enrique Peña Nieto.

Antes, su paso como director jurídico y director de administración de del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), luego director jurídico Aeropuertos y Servicios Auxiliares y director de administración de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) fue, están convencidos muchos, donde aprendió aquello de hacer negocios desde la administración pública.

Durante estos seis años de la que es considerada la administración más corrupta del país, por fortuna algunos medios han podido documentar y seguir la historia de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT) y su “titular inamovible, (que) han sido señalados desde 2014 como claves entre las decenas de presuntos actos de corrupción y conflicto de interés en el país. Sus caminos se entrelazan con empresas y familias que pasaron por la administración peñista en el estado de México y que en este sexenio son beneficiarias de jugosos contratos de infraestructura. Los San Román, Grupo Higa y OHL, por ejemplo”, señaló Daniel Barragán en un trabajo periodístico en el portal Sin Embargo.

Llama la atención que si hubo una dependencia que por instrucciones presidenciales tuvo todo el respaldo del mundo fue la SCT y, desde luego, su titular que a pesar de los señalamientos de podredumbre en la dependencia, nunca fue tocado, pues no tenían por qué; su modelo de negocios venía pensado y acordado desde el gobierno del estado de México.

El macro negocio que Peña Nieto y Ruiz Esparza vislumbraron desde el gobierno estatal que significaba la geografía mexicana los convenció que el país necesitaría de la construcción de todo tipo de obras hidráulicas, autopistas, puentes, puertos, aeropuertos y lo que fuera construcción, por ello, seguramente, el Programa Nacional de Infraestructura 2014-2018 consideró como prioritaria una “estrategia general para la construcción de obras y concretar proyectos para liberar el potencial económico de México”; significaba “una ruta para edificar el México moderno y competitivo”, argumentaba el presidente.

Durante este sexenio, Peña y Ruiz Esparza hicieron todo tipo de obras, o mejor dicho de negocios, por más simples que parecieran como fueron las pantallas de televisión cuando la transición digital o negocios que no terminaron o se frustraron producto de la corrupción y el tráfico de influencias como lo fue el Tren Rápido México Querétaro y la incapacidad para poder cumplir con la construcción del Tren Interurbano México-Toluca.

La obra que exhibió a Ruiz Esparza fue el socavón del Paso Exprés de la carretera México- Cuernavaca. Una y otra vez se empecinó en afirmar que el hundimiento fue a causa de la no recolección de basura y de las lluvias, y no por la corrupción e incapacidad de la STC y de la empresa constructora.

El mejor reconocimiento a su trayectoria oscura, de señalamientos de corrupto durante todo el sexenio, fue cuando se le presentó al candidato presidencial del PRI, José Antonio Meade de la lista de quiénes podrían ser los candidatos plurinominales al Congreso de la Unión por parte del tricolor. Meade al ver el nombre de Ruiz Esparza, simplemente se negó a palomearlo, lo tachó.

En fin, la lista de acciones financieras es enorme y la joya, el negocio multimillonario que significaba la edificación del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, el negocio que no fue, que seguramente tiene contrariado a Gerardo Ruiz Esparza, porque, como afirmó el diputado federal del Partido del Trabajo, Emilio Manzanilla, “su plan estratégico de corrupción” para hacer un gran negocio frustró el encargo que Peña le dio a su amigo y socio.

Que no le cuenten…

Si Televisa y TV Azteca están enfrentando serios problemas financieros a causas de la baja de su teleauditorio que se ha trasladado a Facebook, Twitter, Instagram y Netflix, y por consiguiente la publicidad, una buena noticia o mejor dicho el mejor pago que han tenido por saber ser fieles soldados del gobierno en turno, fue el anuncio que hizo el Instituto Federal de Telecomunicaciones de que su concesión se amplió por 20 años. A| pesar de que el negocio de la TV abierta se ha hecho chiquito, como quiera que sea sigue siendo redituable, sea con Dios o sea con el diablo.

*Periodista

Con información de Mario A Medina para Primera Voz