En mi columna del 11 de noviembre pasado, a propósito de la reunión que como presidente electo tuvo Andrés Manuel López Obrador con un grupo de empresarios con intereses en la construcción del aeropuerto de Texcoco, preguntaba: ¿Será que las cosas están en santa paz? o ¿al menos tranquilas? Mi respuesta fue: “No lo creo”.

Señalaba que la decisión de cancelar el aeropuerto en Texcoco había provocado entre los empresarios enojo y había excitado “un verdadero encabronamiento que en algún momento los llevará a buscar la revancha”

Pero, ¿por qué el Presidente de la República, ya bajo esta investidura, tras la muerte de la gobernadora de Puebla, Martha Erika Alonso y su esposo, y antecesor, Rafael Moreno Valle, a causa de la caída del helicóptero en que viajaban,  no guardó el “debido lenguaje diplomático”, luego de que su Secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero recibió una rechifla y acusaciones de “asesina” en el homenaje al matrimonio poblano?

Cuando los reporteros le preguntaron por qué se había referido como “mezquinos” y “neofascista” a quienes incitaron al griterío para descalificar a Sánchez Cordero, López Obrador afirmó: “No me gusta andarme por las ramas y estoy acostumbrado a llamar al pan, pan, y al vino, vino. Había un ambiente que crearon ex profeso los conservadores de siempre, no todos, pero una minoría que actúa de manera muy mezquina”.

El estado de Puebla es probablemente la entidad más conservadora del país, donde se asienta de manera destacada la ultraderecha, por ejemplo, el Yunque, una de las organizaciones de este corte cercana al Partido Acción Nacional: Rafael Moreno Valle, era parte de la ultraderecha quien sobre él y sus antepasados pesaban un cúmulo de señalamientos como el de “corruptos” e, incluso, “asesinos”.

En entrevista con la periodista Carmen Aristegui, Damián Zepeda quien había sido dado de baja como coordinador parlamentario del PAN en el Senado de la República, y en su lugar llegó Moreno Valle por decisión del presidente nacional panista, Marko Cortés, dijo: “Es de conocimiento general que no es una persona muy democrática que digamos y todo lo que tenga que hacer para lograr su objetivo lo hace”.

Zepeda, panista sonorense fue más allá cuando afirmó: “siempre que participa en contiendas se dan muchas quejas en su contra, maneja recursos, recurre a la intimidación, al mensaje duro”, y al mismo tiempo precisó: “no es la cara o tipo de perfiles que representen al PAN, a mí no me representa, te lo digo con firmeza”.

Rafael Moreno Valle encabezaba a un ala mayoritaria de la ultraderecha del país, que no sólo tiene nexos con el resto de la ultraderecha en México -no necesariamente panista-, sino también con la ultraderecha priísta, partido en el que militó. En junio del 2017, el periodista Álvaro Delgado entrevistó para la revista Proceso a Juan Carlos Mondragón presidente del PAN poblano quien afirmó: “No se puede confiar en él”; “es incapaz de cumplir hasta acuerdos firmados con las fuerzas de derecha”, y tras de acusarlo de avasallar al PAN en la entidad poblana cuando fue gobernador, aseguró que se rodeó “sólo de priistas”, para luego rematar: “Es un infiltrado del Grupo Atlacomulco”.

El Presidente no asistió a los funerales del matrimonio, pues es claro que consideró que no era políticamente prudente, y menos les iba a dar pretextos a la ultraderecha para echársele encima y hacer un escándalo noticioso a nivel nacional. Dijo que no asistió para evitar la “mezquindad de los conservadores”, aunque luego rectificó y afirmó que debió llamarlos “canallas”.

Es común entre políticos portar caretas, hacerse reverencias, desearse buenos deseos, darse apapachos, regalarse sonrisas fingidas y hasta darse besitos. López Obrador  no actuó así. El Presidente está claro de cómo se están moviendo las cosas y sabe “de qué lado masca la iguana”.

En aquella reunión con los empresarios con intereses en el NAIM, luego de que antes los acusó de intentar generar inestabilidad y de hacer “ruido”, fue cuidadoso de afirmar ante los medios que los empresarios, “todos, se portaron al cien y fueron muy respetuosos”.

Sin embargo, en las últimas semanas se han observado diversas acciones para desprestigiar a su gobierno, pues se está afectado fuertes intereses de la derecha empresarial, o de los huachicoleros de Pemex, o también de la “burocracia dorada” que está siendo despedida. Por cierto, ¿si hubiera ganado Ricardo Anaya, no hubieran sido también dados de baja?, o ¿incluso con el propio José Antonio Meade?

Cuando López Obrador dijo que se equivocó al llamarlos “mezquinos” y debió decirles “canallas”, porque lo primero significa “pobreza, miseria de espíritu”.

Entonces, López Obrador no se anduvo por las ramas, y mandó un claro mensaje a la ultraderecha que al parecer no está en “santa paz” con su gobierno y por eso les cambió de apellido por el de “canallas” que, según el diccionario, significa “despreciable por su comportamiento vil, ruin, malvado, despreciable” que pareciera está decidida a buscar la revancha.

Que no le cuenten…

La lógica dice que ya como Presidente de la República, López Obrador debería conciliar, cambiar su lenguaje frontal. Pero, ¿por qué no ha sido así, cuando menos en el caso de lo sucedido en Puebla? ¿No será que sabe mucho más de lo que se publica en los medios o de lo que se manipula, y por ello dejó a un lado el “lenguaje diplomático” y decidió llamar al “pan, pan”?

 

Con información de Mario A Medina para Primera Voz