Las elecciones del pasado 20 de octubre en Bolivia, y aun antes, traen diversas circunstancias que es necesario analizar con detenimiento.

Coincido en lo particular que Evo Morales no debió buscar una nueva reelección, porque de una u otra manera le daba pie a la ultraderecha de su país, a la foránea y al gobierno de los Estados Unidos que tienen fuertes intereses allá. Evo había pasado grande a la historia.

Por otra parte, y aunque se le califica de “antidemocrático”por haber perdido el referéndum para poderse reelegir, los otros actores, sus opositores, estuvieron de acuerdo en participar en el proceso electoral que en Bolivia, calificaron de un “gran fraude”, lo mismo que en México; que los medios de comunicación de ese país y los de aquí daban a conocer insistentemente que el informe de los observadores de la OEA era, que se había cometido un “fraude contra la democracia”.

Sin embargo, eso no fue así. La auditoría que realizó la misión de observadores de la OEA hablaba de “irregularidades” que llevarían a una segunda vuelta: “…era predecible la victoria de Morales en primera ronda, basándose en los resultados del inicial 83.85% de votos perteneciente al conteo rápido que mostró a Morales liderando a Carlos Mesa por menos de 10 puntos”.

Dicha auditoría en ningún momento calificó la elección de “fraudulenta”, y dado que la diferencia era menor al 10%, Evo convocó a elecciones en una segunda vuelta. Sin embargo, todo hace ver que la derecha de ese país estaba decidida desde mucho antes a que Evo no llegara una vez más a la presidencia, por lo que, al final, el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, general Williams Kaliman, le pidió que renunciara.

Llama la atención el hecho de que en México la información que se nos ofrecía era la versión de la OEA con el título de “fraude” y que no se había dado un golpe de Estado. Salvo el portal de Aristegui Noticias y La Jornada dieron cuenta del análisis estadístico del think tank estadounidense, Centro de Investigación en Economía y Política Elecciones, de que las elecciones en Bolivia, “no muestran evidencias de irregularidades o fraude que haya afectado el resultado oficial que le dio al expresidente Evo Morales una victoria en primera ronda”. ¿Por qué el resto de los medios no lo dio a conocer? No cumplieron con un principio del periodismo, presentar por igual informaciones opuestas cuando hay más de una o puntos de vista diferentes.

Tanto allá como acá, hubo sectores de la derecha radical, analistas y medios de comunicación que de manera eufemística llamaron “sugerencia” de los militares, cuando es claro que lo ocurrido fue una imposición, la de Jeanine Áñez, una títere, pues quienes están detrás de ella son las fuerzas armadas; quiérase o no el golpe de Estado es la toma del poder, no sólo de los militares, incluso de la misma cúspide gubernamental que quitan a quien legalmente encabeza el poder.

Otro aspecto importante de revisar es el ambiente racista que allá como acá se percibe. Antes de las elecciones, Ánez, vía Twitter, escribió mensajes discriminatorios y prejuiciosos contra Morales: “Pobre indio”, le llamó acompañado de un cartón en el que se le ve a Evo abrazando la silla presidencial.

Lo mismo pasó en contra de la población indígena que es descalificada y discriminada no sólo por su origen y costumbres, sino también por sus creencias como es el caso de la “Pachamama”, “La Madre Tierra” a quien los indígenas respetan, y de alguna manera veneran, y que el empresario de derecha, Luis Fernando Camacho Vaca, “El Macho”, ligado a corporaciones que operan en los rubros de seguros, gas, inmobiliarias y negocios avícolas afirmó: “Nunca más volverá la Pachamama al palacio de gobierno en Bolivia”. Detrás de él, han señalado analistas bolivianos, están sectores de las iglesias evangelistas de EU.

En nuestro país, la derecha de inmediato replicó la versión del “fraude”, evidentemente sin ir al fondo, con el propósito de crear una “verdad”, de que Evo había cometido un fraude electoral. Como ya señalaba, no se dieron a la tarea, de manera premeditada, de revisar minuciosamente el informe de los observadores de la OEA que hablaba de “irregularidades”, más no de “fraude”, pero repitieron hasta el cansancio que Evo había ganado gracias a un “fraude electoral”.

La decisión del gobierno de México de darle asilo humanitario fue descalificada por varios sectores con argumentos sin sustento como el que envió el presidente de la Coparmex, Gusto de Hoyos a través de su cuenta de Twitter: “El Ex Presidente @evoespueblo encarna los antivalores de la democracia. El asilo otorgado por el @GobiernoMX es cuestionable dada su conducta pública”, pero también presenciamos posturas en contra, que en el fondo era para descalificar al gobierno a fin de quererlo hacer ver como “aliado de gobiernos impresentables”.

Los memes que lamentablemente más se replicaron en nuestro país tuvieron que ver con una visión prejuiciosa que como señaló la Rayuela de La Jornada del sábado pasado:“… la de una élite cuya alma blanca es profundamente racista y clasista”.

Un hecho es cierto, el asilo otorgado a Evo Morales no fue sólo a partir de las simpatías políticas que pudiera tener el gobierno de la 4t, tiene detrás bases históricas y jurídicascomo las reformas constitucionales de 2011 y 2016 que tuvieron el propósito de reconocer, proteger y garantizar el derecho humano para buscar y recibir asilo, además de las convenciones internacionales que en la materia han firmadolos gobiernos de México.

Es claro que la administración  lopez-obradorista ha tomado una posición política a partir del golpe de Estado en Bolivia, en lo que ha sido muy claro no sólo el Secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, sino el propio presidente Andrés Manuel López Obrador, lo que, insisto, no ha sido desaprovechado por los sectores más conservadores de este país para generar un clima de rechazo a esta decisión por parte de la población, la que lamentablemente ha podido acceder, mayoritariamente a información sesgada y manipulada.

La población de Bolivia, particularmente la indígena, está enfrentando ya un clima persecutorio y de descalificación, inclusive ya se cuentan los muertos, pero también la decisión de un sector importante de ciudadanos con principios nacionalistas que amén de defender a Evo Morales, tienen claro que su lucha es por la salvaguarda de sus bienes naturales, el litio, el petróleo, las minas, por ejemplo; la eliminación de la concentración de la propiedad de la tierra o latifundio,  así como también la regulación y el control de lo que ellos llaman la “extranjerización de la propiedad”

Una salida pronta allá se ve lejana, porque desde un principio los fuertes intereses de aquel país tenían claro que iban a tratar, como fuera, de echar a Evo del poder, no tanto por su “falta de democracia”, como lo califican algunos, sino porque les significa una piedra en el zapato.

En México, la presencia de Evo efectivamente ha generado un clima de polarización, pero producto de fuertes intereses porque creyeron que era el momento para señalar de los “peligros” que representa López Obrador, ligado a la decisión de darle asilo político a quien se atrevió a enfrentar a las élites del poder.

Lamentablemente como ha señalado la internacionalista mexicana, Olga Pellicer: “Las consecuencias del asilo a Evo,se han significado en una gran polarización en México y que, lamentablemente, no podemos esperar una apreciación honesta y justa de lo que representa Evo en la historia de Bolivia y, digo yo, en América Latina, sin deseos, de los conservadores, de entender, sino de condenar el asilo como un motivo más para pronunciarse en contra de López Obrador.

“Esto nos hace ver -ha dicho la maestra Pellicer-, que los peligros de posiciones extremas hacen imposible la conciliación, y es lo que no queremos que suceda en México”.

Que no le cuenten…

Las reacciones a lo de Evo, es un pequeño ensayo de hasta dónde quieren llegar.

*Periodista