Indagando en la dicotomía de la existencia,

tanteando el linde entre vigilia y sueño,

el mundo interior despliega sus alas pórtico

donde solo habita el acierto, no emana la negación.

 

Frotándose el balanceo del día y la noche

el húmedo despertar de un silencio fulminante

en el atënue de un ocaso en lucidez embriagado,

volatiliza el agua, desnuda en porciones al viento.

 

Hilarante el impulso sobrehumano

que desata la mazorca de medialuna,

el elefante risueño bajo la perpetua lluvia

se enternece mirándole leer en la penumbra.

 

Edgar Feerman