Los libros de texto de la SEP han enseñado a generaciones enteras de mexicanos que seis jóvenes sacrificaron sus vidas de modo por demás heroico durante la defensa del Castillo de Chapultepec, en aquella lamentable batalla que selló la toma de la Ciudad de México por parte del ejército estadounidense.

A manera de paliativo, la historia oficial simplificó el enfrentamiento exclusivamente al supuesto sacrificio de Agustín Melgar, Fernando Montes de Oca, Francisco Márquez, Juan Escutia, Vicente Suárez y Juan de la Barrera (quien, en ese momento, ya no era alumno del Colegio Militar), dejando de lado a 42 cadetes que también participaron, además de cerca de 800 soldados mexicanos y los 400 integrantes del batallón activo de San Blas que hicieron labor de refuerzo.

El cadete relegado

Miguel Miramón pasó a la historia como uno de los conservadores que hicieron posible la llegada de Ferdinand Maximilian Joseph María von Habsburg-Lothringen (Maximiliano de Habsburgo, para los mexicanos) como Emperador de México, de mayo de 1864 a junio de 1867, fecha en que el ex cadete, el cándido austriaco y Tomás Mejía terminaron fusilados en el Cerro de las Campanas, Querétaro. Hasta cierto punto, y dada la tendencia del régimen encargado de escribir la historia oficial de México, es normal que se omitiera la presencia de Miramón en aquella batalla de 1847. Después de todo, ¿quién en su sano juicio querría honrar a un traidor, si la idea era enaltecer el nacionalismo?

El origen del mito

Un siglo después de la intervención estadounidense, en 1947, el presidente Harry Truman visitó México. Miguel Alemán era su homónimo en aquel entonces y tuvo que enfrentar un gran descontento por la visita de Truman, quien trajo consigo un lamentable discurso pretendidamente conciliador que no gustó para nada al pueblo mexicano.

Para contrarrestar el malestar, y aunado al hallazgo un tanto inverosímil de seis cráneos al pie del Cerro de Chapultepec, se forjó y oficializó la leyenda de los Niños Héroes, que continúa exaltando la bravura y abnegación de Juan Escutia enfrentando a la muerte tras saltar al vacío envuelto en el lábaro patrio, como una muestra del heroísmo que no resultó suficiente para evitar la posterior pérdida del territorio al norte del Río Bravo, actualmente conformado por los estados de Texas, California, Arizona, Nevada, Utah, New Mexico, así como partes de Colorado, Wyoming, Kansas y Oklahoma.

 

Redacción Primera Voz