(Segunda parte, viene de “En memoria del preso 466/64“)

“(…) los mismos custodios te roban la comida o te la destrozan según para revisarla, toda te queda hecha pedazos” Para Lalo, que vivió poco más de tres años en el Reclusorio Oriente, la prisión es similar a estar afuera, debes siempre defenderte.

Cuando lo arrestaron, los policías lo patearon; supo que al llegar al reclusorio debería defenderse, si no, sus días serían un infierno, haciendo fajinas o forzado a hacer todo tipo de favores.

-Uno sabe que al llegar a un reclusorio no debes dejarte, sino, valiste madre, como afuera.

Esas palabras retumbaron en todo el lugar, mientras Lalo, tranquilo y ameno, relataba las peripecias que debes aguantar para sobrevivir en reclusión. Lastimosamente uno de los lenguajes natos de las cárceles mexicanas y latinas es justo la violencia sobre el otro, sobre los cuerpos y psiques de quienes están dentro, justa o injustamente.

La cárcel es una merced de muchos negocios, que si bien no son puestos o locales (aunque los hay) están escritos a pulso de golpes y vejaciones, es necesario entrar en ellos y vivir con las constantes extorsiones de custodios, entes de negro dominando a los presos como mercancías o bien, siempre sublevados del ser.

Los reclusos pueden vivir como “quieran”, ese como quieran, para Lalo es que puedes evitar padecer miseria y despojo, siempre que te relaciones y conectes con esas mafias que manejan el día y la propia vida.

La venta de droga y la extorsión son los negocios principales de la cárcel; sobre la primera actividad los reclusos pagan al custodio por dejarlos vender droga a cambio de no ser molestados. Estos empleados avisan a los internos cuando habrá o viene un operativo, así como las revisiones para que todo se esconda.

La droga la obtienen de dos formas: el custodio la mete, o a través de mujeres con el ya conocido “aguacate”, que contiene aproximadamente un kilo de mariguana; para Lalo no es asombroso que haya mujeres que logren traficar dos kilos de mariguana en su útero, lo que equivaldría a siete meses de gestación, si solo traficará un kilogramo.

Los negocios son extensos: la extorsión, venta de droga y vinos, la prostitución, la venta de levadura, alimentos, ropa, calzado, renta de celdas, televisiones, radios, tiempos de celular, que incluyen redes sociales, pases de lista (4 veces al día), los encargos personalizados de golpear gente, las fajinas, el planchado de ropa, limpieza de oficinas y dormitorios, entre otros.

Llamarle el hotel más caro del mundo sería aminorar la realidad que se vive: “te dan chicharrón en salsa verde con los chicharrones de harina, hacen la salsa y le avientan las bolsas de ese chicharrón -como la fritura de Sabritas. No tiene sabor. El Rancho es para la gente que no tiene posibilidades de hacer algo” hacer algo, es la venta de vicio protegidos por halcones a quienes también se les paga.

Lalo trabajó en la panadería, tortillería y limpiando las oficinas de los técnicos. Empleos que se ganó por buena conducta y haber generado confianza, en esas figuras que son parte de la reinserción social de los presos.

El primer día de ingreso, asegura, estás todo el día encerrado. Te sacan a las siete de la mañana al pase de lista y cuentas con diez minutos para bañarte y lavar la celda, “te dan el desayuno, cuando llegas no tienes nada. Tienes que conseguir los botes de refresco y cortarlos, para que te den los alimentos revueltos dentro de un envase de Coca.

En ingreso ves a tu familia a través de vidrios. La comida que te llevan debe pasar por los mismos internos, ellos te la chingan. Esa misma comida pasa por la revisión de los custodios, quienes te cobran mínimo diez, 15 pesos. Al regresar a tu dormitorio te vuelven a cobrar la misma cantidad por haberte dejado salir. Cada que sales o entras a la celda debes pagar 15 o 20 pesos”, esto es el primer acercamiento de los negocios que manejan los custodios.

Existen dentro del reclusorio, tiendas: la Conasupo que es de la autoridad y otra que atienden los reos. En la segunda te permiten guardar alimentos, pagando por hacerlo y pagando si quieres que te cocinen.

Todo es dinero. Asegura Lalo. Para dormir dependerá de cuánto pagues por la celda (en ingreso esto no aplica porque es como van llegando), en el Centro de Observación y Clasificación (COC), te realizan estudios psicológicos, y te mandan a ciertos dormitorios, a partir de eso y del delito que hayas cometido.

La clasificación se da por homicidio, violación, si eres usuario de drogas o si padeces SIDA, el COC permite te relaciones con técnicos y custodios y arregles otra área a la que te corresponde. Una forma de relacionarse es haciéndoles la limpieza de sus cuartos, por lo que a Lalo le pagaban diez pesos; limpiaba siete u ocho, por los que cobraba de 70 a 80 pesos diarios. Hacer la limpieza de la oficina, calentarles la comida, Lalo les sirvió.

Sin embargo una de las principales violencias es la alimentación, el Rancho que debe darse a todos los presos y se llega a vender, las frutas no se reparten, se decomisan por los técnicos y se entregan, en el mejor de los casos, a quienes se emplean con ellos haciendo la limpieza de cuarto, oficinas, patio o área de visita.

Emplearse con ellos es tener suerte, asegura Lalo, ya que no hay vacantes y es muy peleado. Si hay rotación porque los internos les roban el pan y la fruta que no se les entrega.

“Lo que es el pan y la fruta es una mina de oro. Me gané la confianza de los técnicos y de los talleres. Me pasaron a la panadería con horario de cinco de la mañana a tres de la tarde, con sueldo. El mismo gobierno te paga ese sueldo, 500 pesos, pero hay mucha venta de bolillos y tortillas; me volví de confianza y mano derecha de un técnico y contaba los costales de harina, de Maseca; tenía que que contar y entregar la levadura, porque la levadura es un botín perfecto. Con la levadura hacen pulque: agua caliente con cáscaras de fruta y levadura, lo tapan uno o dos días y se fermentan. Eso es el pulque en el reclusorio”

El pan se hace para todas las áreas, incluidas para el área psiquiátrica y femenil, igual que las tortillas. La comida, se vende, igual que pollo, jamón, chiles. Los alimentos enlatados que te venden en la Conasupo son más caros que con los internos, que obtienen los alimentos a través de custodios, visitas o robándolo. Lo que hace sea más barato.

La clasificación de los internos no impide malos tratos ni da recursos necesarios para personas con discapacidad o con VIH; el testigo recuerda que conoce a un señor en silla de ruedas, recluido por violación de su sobrina, el señor tenía su celda en el primer piso, para bajar y subir era auxiliado por internos sin que los custodios mostraran interés y sin que el reclusorio contara con la estructura para facilitar la movilidad del reo.

Lo que sí existe es clasificación y resguardo, por ejemplo: en el COC, dos de sus pisos son para los reclusos conocidos como “depositados”, aquellos que deben droga o pusieron a alguien y los quieren matar. Permanecen todo el día encerrados, los llegan a sacar una hora al día, cuando todos están dentro. El segundo piso de esta área, es para narcos o gente muy peligrosa que están por delitos de alto impacto, se les vigila con cámaras. Estos pisos son la cárcel de la cárcel.

La diferencia de los presos que están en el castigo con los depositados, es que ellos no salen en todo el día y días que dure el castigo. Los custodios cobran mínimo 300 pesos para que salgas del castigo y puedas bañarte, comer o ver a la visita.

“Las visitas de la familia te las cobran, por no pasar tal cosa, por traer puesto tal; por decir: si tú quieres algo en especial, no te dejan pasar pescado y tú quieres pasarlo lo tienes que dejar en alguna tienda de enfrente, y lo mete el custodio, como si fuera de él”

El hacinamiento es otro de los temas que padecen dentro los presos. En la celda de Lalo vivían 16 personas (celdas que por su estructura se hicieron para seis), de los cuales seis no aportaban nada económicamente. Habían sido abandonados por sus lazos familiares, el resto se empleaban: un estafeta (el que llama o busca a los internos cuando llega su familiar), cinco vendían droga (tenían a sus chalanes) y dos vendían café y pan, y Lalo en limpieza con los técnicos.

La dinámica de la venta de cualquier producto o servicio dentro del reclusorio es que si un café que te venden en diez pesos, y no lo pagas al momento, sube el doble, si lo pagaras a la visita, sube el doble, esto sucede también con la droga. Una pieza de pan o café puede elevarse y llegar a 200 pesos si no pagas.

Los compañeros de celda de Lalo se turnaban las visitas para comer toda la semana con lo que las familias les llevaban, quienes no tenían visita eran encargados de hacer la comida, mantener y limpiar el dormitorio, que siempre hubiera agua; uno de los internos les planchaba la ropa y boleaba los zapatos, para Lalo el señor se ganaba los alimentos que ellos tenían.

La venta de droga ha mantenido a internos consumiendo constantemente opiáceos, marihuana y otras sustancias ilícitas como activo: “hay gente que se droga todo el tiempo. Aunque les lleven unos barcos (son las bolsas de comida que lleva la visita) ellos suben y lo venden para seguirse drogando. Tenis Nike nuevos te los vendían en 100 pesos, y pantalones en 30 pesos, nuevos”

A este panorama se suma la prostitución de mujeres que metían los custodios o la prostitución con transexuales, que están sin clasificación por género y, viven en muchos casos, como esclavas sexuales de reclusos; sin embargo, los que generan la fluidez del reclusorio son los jefes de narcotráfico.

“mientras más jefes de narco haya, hay más dinero, más flujo, porque tienen a cinco o seis cuidándolos, les pagan a ellos, y ellos a los de su celda para que limpien y hagan comida. Un narco viene jalando alrededor de 20 o 30 personas a trabajar con el, a todos les pagan. Es flujo de dinero que hacen”.

Las condiciones se endurecen por los propios servicios, se le preguntó a Lalo ¿qué es lo que beben en el Reclusorio Oriente si no tuvieran para pagar por refresco?

“Acá en el oriente no hay agua, y si se va la luz, ya te jodiste dos o tres días; el agua está en cisterna y ves las ratas muertas flotando y…”

Continuará …

 

Con información de Samatha Lara para Primera Voz