Los mezcaleros de Oaxaca impugnan la decisión del Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI), que ha ampliado demasiado el territorio de la denominación de origen a 500,000 kilómetros cuadrados. Para dar una idea de la proporción, el tamaño del territorio para la denominación de origen del mezcal contrasta con el tamaño de la denominación de origen del Champagne o Cognac de 30,000 y 80,000 kilómetros respectivamente.

Los productores de mezcal oaxaqueños autoproclaman la defensa del patrimonio nacional, en particular del patrimonio oaxaqueño, sobre el mezcal, una bebida originalmente artesanal y que en los últimos años se ha posicionado a nivel nacional e internacional, cuyo precio por botella en el extranjero puede llegar a ser hasta de 300 dólares.

De acuerdo con el IMPI que encabeza Miguel Ángel Margain, la denominación de origen del mezcal existe desde 1994, cuando fue solicitada por la Cámara Nacional de la Industria del Mezcal; actualmente la ostentan Guerrero, Oaxaca —en donde está localizada la región denominada “El Mezcal”—, Durango, San Luis Potosí, Zacatecas, Guanajuato, Tamaulipas, Michoacán y Puebla. En 2016-2017 la solicitaron otros tres estados.

La denominación de origen es una indicación utilizada en un producto que tiene un origen geográfico concreto, cuyas cualidades, reputación y características se deben esencialmente a su lugar de origen, y generalmente corresponde al nombre del lugar de origen de los productos, con lo que otorga un derecho y protección a los procesos de fabricación y materias primas del producto, impidiendo su uso si no se cumple con las normas aprobadas.

Los productores oaxaqueños realizaron una marcha en la ciudad de México en la que incluso participó el gobernador de la entidad, Alejandro Murat, para evitar que la denominación de origen se amplíe, pues acusan que se están reconociendo de manera artificial nuevos procesos donde nunca existieron y eso va en contra de aquellos para quienes la producción de mezcal ha sido una forma de vida de pueblos y comunidades originarios.

Con información de El Economista