No es nuevo que la personas que padecen alergias, rinitis, fiebre de heno, tengan una vida distinta a las demás personas, puesto que su organismo requiere un esfuerzo mayor al normal y esto causa fatiga, somnolencia, mal humor, irritación, ya no se diga de los síntomas, pues ahora con la concentración de CO2 que es insuficiente controlar con las medidas de contingencia ambiental.

Un grupo de investigadores de The Lancet analizaron recientemente la duración de la temporada de polen y la cantidad de este polvo por planta en 17 zonas del hemisferio norte. Los datos, recopilados durante 26 años, demostraron que en el 70 por ciento de estas ubicaciones aumentó la cantidad de polen circundante por temporada.

En el 65 por ciento de las ubicaciones, el polvo fecundante se extendió gracias al crecimiento continuo de las temperaturas en la Tierra.

En caso de que las emisiones de CO2 sigan aumentando descontroladamente, la producción de polen de ambrosía, la principal causante de la fiebre del heno, podría crecer de un 60 a un 100 por ciento durante las próximas seis décadas.

Como se sabe, sufrir de fiebre de heno, alergias o rinitis, son condiciones incurables pero no graves, se pueden controlar con tratamiento, paciencia y sobretodo con una buena actitud frente a esta desagradable condición.

Con información de Primera Voz