Un problema de ortografía no se limita únicamente a eso. Los errores con la puntuación o las letras van siempre asociados a una expresión sintáctica y vocabulario pobres.

Las personas acostumbradas a leer buenos libros y buenos periódicos no suelen cometer faltas cuando escriben porque su memoria inconsciente ha almacenado las palabras exactas y deducido las relaciones gramaticales que mantienen entre sí. Cuando las necesiten para expresar una idea, brotarán casi sin esfuerzo.

Frente a eso, las faltas involuntarias surgen en quienes no quisieron o no pudieron recibir una enseñanza de calidad y no enriquecieron su pensamiento con las cuidadas lecturas que conducen siempre a cuidadas reflexiones.

En la actualidad, redactamos mensajes de WhatsApp, de correo, escribimos en Twitter, siempre acompañados únicamente por nuestra ortografía y sintaxis. Así nos mostramos a los demás, que se formarán una opinión al respecto del mismo modo que se establece una impresión general ante quien lleva siempre el traje arrugado.

Se supone que quien escribe con corrección ha leído e incorporado a su pensamiento una estructura gramatical que le permite ordenar mejor las ideas y analizar con más competencia tanto lo que oye como lo que piensa. La buena ortografía ayuda también a relacionar unos vocablos con otros y a distinguir unos conceptos de otros.

Del modo opuesto, cabe suponer que quien comete faltas de ortografía no dispone de esas herramientas y tal vez disfrute así de menor capacidad para la argumentación y la seducción, por lo que probablemente sea una persona más manipulable.

 

Con información de Primera Voz