El tejido en el país ha sido una práctica transmitida por generaciones y culturalmente; impresionantes creaciones venían de costumbres prehispánicas como con los Mayas. La importancia de este arte, hecho con manos virtuosas creadoras de piezas prolijas, han sido ejemplo de una tradición que se puede considerar ancestral.

El tejido, es ahora la esperanza de decenas de mujeres en prisión que viven de la creación de diversos artículos, en su mayoría, bellos ejemplares de animales: perros, elefantes, osos, cebras, hipopótamos, leones, incluso unicornios, entre muchos otros, elaborados a mano por mujeres que se encuentran privadas de su libertad.

Uno de los datos que da la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, es que las mujeres están privadas de su libertad en prisiones mixtas, 4 mil 994 féminas en penales mixtos y 4 mil 632 en reclusorios femeniles con estructuras para varones, y cómo se ha mencionado en otros reportajes, el abuso carcelario y la no aplicación de las Reglas Mándela en prisión, mantienen a las mujeres en desigualdades y violencia.

Cientos de mujeres padecen, igual que los varones, hacinamiento, violaciones a sus derechos y sometidas a condiciones que las revictimizan, entre ellas, el no acceso a un empleo digno y bien remunerado.

El no tener acceso a un empleo legal las coloca en entornos violentos para poder costear sus gastos y propia vida dentro de prisión, aproximadamente, el costo semanal ronda entre 700 pesos para una sola reclusa, sólo viviendo con lo básico: higiene y alimentos.

La Cana, es una empresa social que trabaja con mujeres recluidas, que por medio de la capacitación laboral y empleo, así como el complementar con distintos talleres de salud mental, asesoría jurídica, entre otros, genera que las mujeres obtengan un ingreso por tejer.

Esta noble labor comenzó cuando la Maestra en Derechos Humanos y Democracia, Daniela Ancira, Directora General y cofundadora de La Cana, era estudiante de Derecho y visitó, cómo parte de una de sus clases, -donde debían brindar asesoría jurídica en el Centro Preventivo y de Reinserción Social de Tlalnepantla, conocido como Penal de Barrientos, en el Estado de México, junto con un grupo de compañeras-, platicaron con las mujeres recluidas y conocieron sus vidas, carencias y cómo era el día a día en la cárcel.

“Nos dimos cuenta que había muchos problemas en el sistema penitenciario, desde las condiciones de higiene en las que viven, el hecho de qué hay niños viviendo en la cárcel, el acceso a la justicia. Nos impresionó mucho, porque no tenían ningún tipo de actividad productiva dentro de prisión: se despertaban, había una escuela que no era obligatoria y no era de buena calidad, no todas iban. No había actividad productiva que pudieran hacer”

Con esta primera visita, Ancira notó que en prisión todo cuesta y es muy caro y, a veces, como sociedad, no pensamos que todo les cobran: el agua caliente, la sal, las toallas femeninas, el papel de baño, hacer una llamada, que te visite un familiar, todo se vende.

La población femenil en reclusión es el sector más abandonado por sus lazos familiares o afectivos, lo que agudiza su día día.

“Si no tienes un familiar a fuera que te de dinero, que te ayude a solventar los gastos dentro de prisión o que te de empleo dentro de la cárcel con el que tengas ingresos, de dónde vas a vivir tú y de dónde van a vivir tus hijos”, Daniela comenta que el 85% de las mujeres privadas de su libertad tienen hijos.

Esta situación le hizo darse cuenta de la urgencia en generar oportunidades de empleo dignas y remuneradas, bien pagadas para mujeres que están presas, por lo que La Cana tomó fuerza cuando el equipo de Daniela vio que muchas de las internas sabían tejer y tejían productos para ellas o para regalar a sus hijos, o incluso, vendérselos a la visita.

“No eran diseños muy comerciales y dijimos: ‘tejen muy bien’, es cosa de traer un diseño más comercial y ayudarles a vender esos productos. El tema del incentivo económico, obviamente es muy importante, al decirles si trabajaban con nosotros te vamos a ayudar a vender tus productos, hizo se acercarán muchas mujeres, pero sobre todo, el empezar a ver qué a una de ellas le iba bien, se empezaron a sumar cada día más”

El proceso de aceptación por parte de las reclusas fue con el transcurso de años, de darle forma a un producto para que quedara bien y se vendiera y se pudiera replicar en volumen, fue un reto con el que esta empresa social trabajo pacientemente, ya que al ser productos 100% hechos a mano, artesanalmente, que se ofrecen en su página de Internet, debe ser el mismo producto, idéntico, al que ofertan en la imagen.

La Cana dignifica el empleo femenil

En cuatro centros de reclusión trabajan 137 mujeres de 380 de las que han apoyado, dándoles empleo remunerado tejiendo. Tal ha sido el éxito de este taller, que ya cuenta con lista de espera, en la que quieren entrar a trabajar entre 50 y 60 personas de cada penal.

La importancia de esta empresa no sólo es comercial con la venta de los productos hechos por las mujeres, sino que Ancira, asegura que para hablar de reinserción no se puede sólo centrar en la capacidad para dar empleo o limitarse a darle trabajo a una persona o personas que viven en contextos de violencia, opresión y que, muchas han sido víctimas de abuso sexual, abandono, pobreza, marginación.

“No se puede hacer que de la nada cambien su mentalidad y sigan otro estilo de vida. Empezamos a meter talleres de salud mental para realmente trabajar con la persona, desde sanar heridas pasadas, construir un proyecto de vida y darle un sentido a su vida.

Es muy difícil decir esto -hay personas que tienen 30, 40 años de condena, ayudarles a decir qué sentido tiene estar ahí y cómo pueden hacer y ver su vida de una manera más positiva, es muy importante; trabajamos mucho esos temas de salud mental y atención psicológica”

La directora, cuenta que otra de las urgencias a tratar en el tema de reinserción social es la excarcelación, que debe ser apremiante.

“Una de las razones que me impactó, fue cuando llegamos al penal de Neza, como todos los miércoles, en la mañana, y estaba una de nuestras tejedoras a fuera, todavía vestía de beige, -el color que visten las internas-, estaba en la banqueta sentada. Le preguntamos, -‘¿qué haces aquí, te escapaste, por qué estás a fuera?’, dijo: ‘no, ya me sacaron ayer, salí libre como a las dos de la mañana, pero la verdad, no tengo ni idea de a dónde ir, no sé ni siquiera hacia dónde ir’.

La mujer, explica Ancira, llevaba en prisión 17 años y fue trasladada varías veces de un penal a otro, “cuando te trasladan ni siquiera ves hacia dónde vas. Físicamente ella no sabía dónde estaba, no tenía un lugar a dónde ir, ni 50 pesos para agarrar un camión o un taxi e ir a algún lugar, ni tenía celular.

Es increíble que saquen a la gente así nada más y sin un programa de acompañamiento. Si seguimos haciéndolo así, es muy probable que vuelvan a delinquir o regresen a los círculos de violencia al no tener otra opción”

La Cana inició un programa llamado “Seguimiento y Libertad, en el que continúan trabajando con las que salen de prisión o se les canaliza a otros centros aliados, que depende de su edad, escolaridad, sí tiene hijos, porque muchas de las internas no pueden tener trabajos de tiempo completo, tienen hijos o traen brazalete, con el que sólo pueden desplazarse diez kilómetros a la redonda, sin que puedan tener movilidad al trabajo.

“Pueden seguir tejiendo con nosotras, les damos el material una vez a la semana, les decimos qué tiene que hacer y trabajar desde su casa, y la siguiente semana, ellas nos entregan o tenemos aliados, por ejemplo Juva, (empresa de lencería) ha capacitado a muchas de las internas que trabajan con nosotras y cuando salen las emplea”

El crear condiciones y atender el tema de reinserción social, se formaron grupos de apoyo entre ellas, para que tengan un círculo una o dos veces a la semana con otras mujeres que estuvieron en su misma situación, de esa forma se ayudan a salir adelante, el saber que no están solas y que otra mujer pasó por ahí, sus consejos pueden hacer lazos de ayuda entre sí.

La Cana es muy completa, su labor humana es sistemática, conjunta o trata de conjuntar todos los aspectos que identifican Daniela y sus socias, para brindar ayuda, ya que al tener la mayoría formación de abogadas brindan, también orientación jurídica para que las mujeres puedan recuperar documentos como sacar de nuevo sus INE, o recuperar lo que se recaude en los fondos de ahorro y más.

El sistema penitenciario…

“Tristemente muchas cosas fallan en el sistema penitenciario, desde las condiciones de higiene y en las que las tienen como la sobrepoblación, hacinamiento importante, sin duda, hacen falta actividades bien remuneradas para personas que están en la cárcel (…)

insisto, si las personas tienen gastos adentro de prision, tienen dependientes económicos a fuera, tienen hijos dentro de prisión, necesitan dinero para solventar todos sus gastos, para apoyar a sus familias; si no les damos un empleo real, digno y bien remunerado, van a recurrir a la delincuencia, como sucede en muchas de las cárceles, para poder sobrevivir”

El panorama es que faltan más actividades, políticas públicas que promuevan el trabajo penitenciario, así como la participación de más empresas en la industria penitenciaria, para Ancira es fundamental se regule el trabajo en prisión, garantizando y protegiendo los derechos laborales de las personas privadas de la libertad.

La visión no tiene límite …

Los productos que tejen las reclusas se pueden comprar o enviarse al extranjero. La Cana acepta donativos económicos y en especie: desde toallas sanitarias, papel de baño, artículos de higiene personal, libros.

“Tienen un programa de voluntariado en el que dan clases de meditación, yoga, arte; La Cana ofrece muchas formas de poder involucrarse.

Uno de los objetivos de La Cana, es poder expandirse a más reclusorios. “Hemos logrado replicar este proyecto en cuatro penales, empezamos en Barrientos, después en Nezahualcóyotl, en Ecatepec y este año, abrimos en Santa Martha Acatitla y así queremos continuar replicando un reclusorio por año y consolidar nuestro programa “Seguimiento y Libertad” “

Seguimiento y Libertad…

Es un programa relativamente joven, parte del momento en que se da la liberación de mujeres, hecho que genera exista una posibilidad de reincidir, sino se cuenta con una red de apoyo fuera de prisión, difícilmente las internas cambiarán su vida.

El programa busca que las mujeres sean independientes y se posicione la reinserción social como un tema fundamental para la seguridad del país, generando conciencia en la sociedad.

“Escucho muchísimo decir ‘¡qué bueno que está ahí, que bueno que está en la cárcel!’, entiendo qué nos guste ver qué se castigue el delito, pero no podemos quedarnos ahí, tenemos que pensar qué pasa con las personas que están en la cárcel, porque sí es nuestro problema, y tristemente, en nuestras cárceles se comenten delitos todos los días: más del 80% de las llamadas de extorsión salen de prisiones y si no estamos haciendo nada por mejorar las condiciones, hay un efecto directo en la seguridad de todos nosotros”.

-Es importante mencionar que tenemos índices de reincidencia muy altos, en promedio el 25% de las personas que están en prisión reinciden y el 52% de ellas, lo hacen los dos primeros años que salieron de prisión.

De ese panorama, explica, que existen algunos estados que sus índices de reincidencia alcanzan hasta el 60%, “los números hablan por sí solos y tenemos muy pocas organizaciones que trabajamos directamente con la población penitenciaria, y todos como sociedad, podemos sumarnos, -comprando un producto impacta directamente la vida de las persona que están en la cárcel.

“Es importante recalcar que mucha gente dice ‘yo no voy a apoyar a un delincuente, yo no quiero apoyar a un criminal. Hay que tener claro que no podemos verlo de esta manera, tenemos que verlo como el darle una oportunidad de empleo, le voy a dar una oportunidad a alguien de ganarse la vida de manera legal, porque las víctimas de delitos podemos ser cualquiera de nosotros si no atendenmos esas causas y no prevenimos el delito.

La necesidad en prisión no hace distinción…

Por lo que La Cana ya trabaja en un taller de carpintería en el Reclusorio Varonil Oriente, trabajo que podremos conocer y adquirir en noviembre a través de los nacimientos de madera para las fiestas decembrinas.

Con información de Samatha Lara para Primera Voz