Que no le digan…

Huachicoleros de cuello blanco

Por Mario A Medina* 

Señalado como el sexenio más corrupto en la historia reciente del país, quien encabezó dicho gobierno, Enrique Peña Nieto, pareciera que trató de distraer la atención de dónde se encontraba el mayor robo de combustible a Pemex.

Como el cortabolsas que en la confusión en el momento de la extracción de lo hurtado grita: “¡Al ladrón!, ¡al ladrón!” para que nadie se percate que es él quien realmente es el rufián, Peña Nieto en su Sexto Informe de Gobierno presumió el arresto sólo de  45 personas, sí de 45 personas “entre líderes, operadores y principales colaboradores”

Según la revista Proceso en dicho informe Peña destacó que se aseguraron “cuentas bancarias por 68 millones 287 mil 922 pesos en efectivo, 11 inmuebles, 71 vehículos pesados, 12 vehículos ligeros y tres contenedores empleados por organizaciones delictivas”, y que “seis células delictivas fueron desarticuladas en las zonas Noreste y Centro del país”.

Presumió que “entre diciembre de 2012 y el 24 de agosto de 2018, ‘se privilegió la generación de inteligencia estratégica y táctica’ para afectar a las organizaciones delictivas organizadas. Esto incidió en que, de los 122 ‘objetivos clave en las estructuras, 110 han sido ‘neutralizados’; 14 de ellos fallecidos al resistirse a su arresto”.

Su antecesor no se quedó atrás. El 20 de diciembre del 2010, tras la explosión en dos ductos de Pemex que dejó al menos 28 muertos en San Martín Texmelucan, Puebla, Felipe Calderón prometió dar con los responsables del siniestro y “castigarlos con todo el peso de la ley”; ordenó a la PGR “una vigilancia permanente”. Sin embargo, durante su sexenio el robo de gasolinas en tomas clandestinas fue cosa de todos los días.

Cabe preguntarse: ¿si tenían información de este tipo de robo, por qué no acabaron con éste? ¿Será que les era conveniente, no sólo a Peña y Calderón, sino también a sus antecesores, Carlos Salinas, Ernesto Zedillo y Vicente Fox  tener siempre “chivos expiatorios” para distraer la atención del robo mayor que ocurría en las mismas entrañas de Pemex, de quienes no se conformaba con llenar bidones, sino cientos de pipas y barcos cisternas? 

En un  reporte elaborado por la consultora Etellekt Consultores que dio a conocer la redacción del portal “Aristegui Noticias”, en mayo del 2017, se señalaba que cada año los cárteles obtienen ganancias estimadas en 21 mil millones de pesos por la extracción y venta ilegal de combustible robado.

Según este reporte, durante 2015, los Zetas controlaban el 38.88% del mercado de robo de combustible, el Cártel Jalisco Nueva Generación el 21.39%; Cártel del Golfo, 16.34%; Beltrán Leyva, 7.57%; Cártel de Sinaloa, 6.29%; la Familia Michoacana, 2.52%; los Caballeros Templarios, 1.26%; y el Cártel de Juárez, 0.70%.

Efectivamente el robo del hidrocarburo es asunto también del crimen organizado, al que se le permitió entrar, pero también a  pobladores en distintas entidades del país, de manera destacada Puebla, Guanajuato, Hidalgo, Estado de México y Jalisco, entre otros.

La cifra que da a conocer  la consultora Etellekt Consultores es escandalosa, pero lo es más la información que dio a conocer el propio Presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador y lo publicado en la revista Proceso.

El presidente informó de un procedimiento en el que están vinculados ex funcionarios de Pemex, es decir que “la mayor parte (del robo) tiene que ver con un plan que se opera con la complicidad de autoridades y una red de distribución”, de venta de al menos “600 pipas de gasolina diarias”, mientras que el director de Pemex, Octavio Romero Oropeza dio a conocer que en el 2018 el robo de combustibles fue de 58 mil 200 barriles al día.

Cuando López Obrador siendo Presidente Electo informó que Octavio Romero Oropeza era su carta para Pemex, vinieron muchas descalificaciones en contra de quien es una de las personas más cercanas al Jefe del ejecutivo y a quien más confianza le tiene.

Romero Oropeza desde aún antes de que se diera a conocer a dónde iría, se puso a hacer la tarea que se le encomendó, lo que le permitió presentarle a su jefe una radiografía alarmante de lo que ocurre en el cuerpo de la paraestatal que Peña Nieto prácticamente había firmado su acta de defunción cuando afirmó: “La gallina de los huevos de oro (Pemex) se secó”.  

No. Lo que realmente hicieron fue arruinarla, dejarla en quiebra y por eso la descuidaron, pero sabían que era posible seguir practicando el huachicoleo aún a gran escala, robar en grande sin que nadie se diera cuenta y por ello, no lo dudo, inventaron el “huachicoleo al menudeo”, el robo en garrafas, en galones y su venta a pie de carretera, y que todo mundo volteáramos a ver a los “raterillos huachicoleros”, y que nos “indignáramos” por el daño que le estaban haciendo a la nación,  y no nos enteráramos de los otros, los que se robaban las gasolinas “pegados al tubo” de las refinerías, de los que nos volvieron a saquear, de los “huachicoleros de cuello blanco”. 

Que no le cuenten…

A mediados del año pasado la asociación de gasolineros reconocieron que afiliados a su organismo comercializaban con gasolinas robadas. Dicha afirmación fue corroborada por Rubén Salazar, director de Etellekt, quien afirmó que en esta cadena participan también “propietarios de grandes consumidores como las industrias transportistas”.

Los nombres de esas empresas que se vienen a la cabeza son muchas; lo mismo de muchos políticos que fueron beneficiados por las concesiones que obtuvieron de Pemex y sí, no hay que descartar que hasta las trasnacionales que llegaron, producto de la reforma energética sean compradores de huachicol.