La Comisión Nacional de los Derechos Humanos vive actualmente un proceso constitucional para el cambio de su titular. Mucho ha circulado de voces en voz y noticia tras noticia, sobre la idea de la necesidad de un cambio radical en la institución, iniciando con ponerla en manos de una mujer.

Sin embargo, también es frecuente escuchar a familiares, amigos, colegas y estudiantes de derecho, entre otros, que esto no debe tratarse de un asunto de cuotas sexistas, por el contrario, se afirma con absoluto convencimiento que debe tratarse de una mujer con las capacidades profesionales adecuadas -idónea dice la Corte-, lo que no se reduce al conocimiento teórico de los derechos humanos.

Durante más de una década de vida académica, he podido reflexionar con mis alumnos de licenciatura y posgrado lo anterior, y hemos llegado a la conclusión que -efectivamente- la defensa y protección de los derechos humanos, requiere ser acompañada por la experiencia de los verdaderos defensores de derechos humanos. No hablamos de aquellos que bajo discursos elegantes, retóricos o plagados de tecnicismos jurídicos se dicen expertos en la materia. Tampoco hablamos de aquellos que bajo la coraza de una sesta de libros ideologizados o llenos de “refritos” se venden como “intelectuales”.

Hablamos de aquellos que -decimos- “no tienen miedo a ensuciarse los zapatos” para extenderle la mano al desamparado; que realmente se interesan por la desventura de algunos que únicamente van en búsqueda de auxilio; que son sensibles a la situación de víctimas de violencia; aquellos que no obstante las tempestades, amenazas, resistencias, limitaciones, etcétera, ahí están presentes.

Sin duda, hoy en día ante la escasez de valores, la visión de una mujer preparada profesionalmente y con una visión cimentada en su experiencia práctica en la defensa de los derechos humanos es y será lo mejor. El conocimiento teórico de los derechos humanos no es suficiente, eso ya ha quedado demostrado con la actual crisis institucional y de derechos humanos que se vive.

El Senado de la República tiene ante sí un reto sin parangón y la inmejorable oportunidad para acudir al rescate del organismo, así como fortalecerlo con una visión de avanzada y sensible. Sí una mujer para la CNDH, pero no cualquier mujer, una que, como dicen “se la parta” por y para todas y todos, pero especialmente por y para las víctimas. De ahí la apuesta por Elizabeth Lara Rodríguez, persona de valores y capacidad probada.

Con información de Javier Quetzalcóatl Tapia UrbinaDocente de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional Autónoma de México y del Centro de Investigaciones Jurídico Políticas, de la Universidad Autónoma de Tlaxcala.