Primera parte: Feminicidio infantil brutalidad impune

La violencia que azota varias regiones del país, tiene entre otras consecuencias, rupturas sociales y culturales, que se suplantan por conductas agresivo-sádicas sobre la población más vulnerable o en riesgo, y con ello, el aumento de delitos tanto del fuero común o los tipificados de alto impacto.

En nuestro país el 63 por ciento de los menores de 1 a 14 años ha experimentado al menos un caso de violencia en el hogar. La Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH) 2016, el 38.2 por ciento de las mujeres de 15 años y más experimentaron algún tipo de violencia en la infancia. El tipo de violencia que se reportó con mayor frecuencia fue la física (32.1%); 18 por ciento de las mujeres reportaron haber sufrido violencia psicológica y 9.4 por ciento violencia sexual.

La violencia sexual familiar en la infancia incrementó 73 por ciento, mientras que en los casos de violencia sexual ejercida por no familiares fue de 48.1 por ciento, mayor al de las mujeres que residían con su padre en sus domicilios.

El comportamiento vs la crianza

En entrevista con el Mtro. Alfredo Velazco, analista de la conducta del comportamiento criminal y Vicepresidente del Instituto Mexicano de Investigación Científica y Forense, explica que el feminicidio infantil tiene afectaciones determinantes en la sociedad, no sólo al hecho de privar de la vida a un ser humano, sino aún ser humano que goza de inocencia y que en automático, coloca al sujeto (feminicida) aprovechándose de esa situación de inocencia.

“El hecho de que sea una víctima menor, en automático, lo pone en ventaja y a la víctima en desventaja, y debe ser considerado, legalmente, indicador muy importante, porque la inocencia de la personita está siendo vulnerada al extremo”

Actualmente, no manejan la perfilación criminal estadística, sin embargo, menciona que existen ciertas categorías tipológicas de comportamiento, que nos dicen que puede que existan en el entorno de la víctima los posibles agresores, cómo se mencionó en Feminicidio infantil, brutalidad impune. Segunda parte: los rasgos en un varón para prevenir el feminicidio infantil pero se debe de analizar el caso en específico para establecer quién es el sujeto que lo comete y porqué lo comete, siendo la muerte de la víctima:

•venganza a la pareja
•como consecuencia de quitar un testigo que lo puede señalar como el responsable, (como un acto del modus operandi) o bien,
•puede ser una fantasía que emana de lo sexual y que está objetivamente fiscalizada a esta clase de víctimas.

“Se debe hacer un análisis de antecedentes de los o el sujeto, qué ha traído como consecuencia una motivación, sin embargo, no debe ser una justificación para el sujeto o la defensa, es decir, ‘él fue violentado sexualmente y hoy por eso él está violentando’, se puede analizar para que clínicamente se detecte los indicadores y con ello, poder trabajar con los expertos en salud mental o en aspectos jurídicos”

Para el analista de la conducta del comportamiento criminal, lo más importante es que haya programas de proximidad familiar, de respeto familiar.

Todas las personas tenemos un nivel individual que se refiere a nuestros antecedentes personales que influyen en nuestros comportamientos y nuestras relaciones. En este sentido, las experiencias de maltrato padecido en la niñez o de episodios violentos forman un aprendizaje de la resolución de conflictos, ya sea por medios violentos o de baja autoestima.

El nivel familiar es el contexto de las relaciones más cercanas de un individuo, donde el abuso tiene lugar, generalmente, en la familia o de tratos íntimos como con la pareja o amistades. El nivel de las relaciones familiares implican la influencia de valores, costumbres y dinámicas de organización que refuerzan el aislamiento de las mujeres y clasificación de varones y mujeres, así como la falta de apoyo social, tolerancia, manteniendo en cambio, una legitimación social de la violencia.

En este nivel se encuentran las instituciones y estructuras sociales en las que se desarrollan las relaciones sociales y las características que incrementan el riesgo de actos violentos.

“Debemos decirlo claro, la culpa no es de la madre que consigue una nueva pareja. La culpa, es del gobierno, de una seguridad que no está dando. De un un sujeto que está haciendo la conducta. Los únicos culpables son las políticas ausentes de prevención o investigación y por supuesto, de el sujeto que cometa el delito. Son los dos únicos culpables”, enfatizó Velazco.

Para el Mtro. Velazco el androcentrismo juega un papel importante para poder realizar ese comportamiento (feminicida) porque se cosifica, “vivimos en una cultura que ha cosificado a la mujer, no se le percibe como complementaria; incluso, hay zonas en nuestro país que no se le percibe como ser humano. Se le percibe como obligatoriamente tiene que hacer lo que tiene que hacer, pero radica, otra vez, la fuente de ese pensamiento en la crianza, radica en los valores, en el gobierno, en la difusión, radica en la cultura y, sobre todo, en la educación familiar. El foco de atención principal es el entorno familiar, las políticas de prevención y la crianza”.

En ese sentido, es importante mencionar que no todos los varones o mujeres que han llegado a perpetuar un feminicidio infantil u homicidio son enfermos mentales, sino personas que creen ejercen control, poder sobre un “derecho” que les confiere la facultad estricta de control sobre su familia, y que el castigo físico es un medio posible para ejercer ese control.

Por lo que para Alfredo Velazco, un reforzador para la prevención de este delito es hacer conciencia, “formemos seres humanos”.

Con información de Samatha Lara para Primera Voz