Desde la Cuenta Pública de 2011 se ha llevado a cabo auditorías a este programa de la Secretaría de Desarrollo Social, el cual desde ese entonces establecía tres tipos de apoyos, el primero de ellos el apoyo a madres trabajadoras y padres solos, el segundo destinado al impulso a los servicios de cuidado y atención infantil, por último el impulso a los servicios de cuidado y atención infantil.

El programa tiene bastantes deficiencias en su diseño ya que como finalidad tenía la incorporación de las madres y padres desocupados o desempleados, de encontrar una fuente de empleo o de estudiar para obtener una fuente de ingresos que le ayudará a cubrir más allá de las necesidades básicas de una familia; sin embargo, el programa dejaba muchos cabos sueltos como el no saber realmente que hacían los padres de familia con el tiempo disponible que tenían al dejar a sus hijos al cuidado de una estancia infantil.

De igual manera, había padres que si les era de mucha utilidad contar con este apoyo de estancia infantil, obteniendo o conservando una fuente de trabajo formal pero que una vez que el menor salía del rango de edad que atiende el programa, no existía ninguna vinculación con algún otro, para observar la evolución y los resultados a mediano plazo.

En este esquema también presenta debilidades de control interno en la operación de estancias infantiles, ya que las mismas debían cumplir con ciertos requisitos en cuanto a espacio y adiestramiento de quienes se hacen cargo de los infantes, por lo que algunas no cumplían con alguna de las dos condiciones y aquí es el punto de quiebre para tergiversar los recursos del programa.

Uno de los estrategias que se pueden llevar a cabo es el registro de menores que no asisten a las estancias infantiles, es decir, el dueño de la estancia infantil la registraba en el programa, posteriormente es conseguir los datos de los menores que cumplen con los requisitos de edad y empadronarlos en el programa, de esa forma las estancia se hacen de los recursos del programa y cobraban parte del apoyo a los padres de familia, todo esto obviamente sin proporcionar el servicio.

El programa en su concepto es noble, diría el refrán “La mula no era arisca, la hicieron”, es decir la falta de controles y en ocasiones el abuso de algunos servidores públicos han puesto en este 2019 a las estancias infantiles en jaque como noticia de primera plana.

Considero pertinente su redimensionamiento y modificación, para involucrar a la parte de la iniciativa privada y lograr esa sinergia para que los padres realmente cuenten con oportunidades para incorporarse al empleo y tengan la confianza de que sus hijos se encuentran seguros.

El programa por más criticado que está siendo en esta semana también ha dado buenos resultados para quienes han cumplido con las reglas de operación del programa, y al igual que este programa existen diversos programas del gobierno federal que deben ser analizados y evaluados para estimar el costo-beneficio de los mismos, así como los controles internos a implementar.

La comparación obligada con las guarderías subrogadas con el IMSS y la tragedia de la Guardería ABC donde aún se clama por justicia, nos pone a reflexionar sobre qué tanta seguridad se puede tener al dejar al cuidado de un extraño la vida de un menor, la gente confía en que dichos lugares se encuentren en cumplimiento a la ley y los lineamientos de protección civil, y esta nueva administración tiene como encomienda devolver la confianza a la ciudadanía, por lo que cada uno en el ámbito de competencia sobre el que se desempeñe debe vigilar y exigir que cada quien cumpla con sus funciones.

 

Con información del L.C. Cesar Alfonso Espinosa Palafox para Primera Voz