Eran las 19:30 horas del 2 de septiembre de 2018 cuando empezó la tragedia histórica, de la cual aún no existe un peritaje que arroje las causas precisas del siniestro. Sólo se sabe que la humanidad perdió alrededor de 20 millones de piezas provenientes de Brasil y el mundo.

El Museo Nacional de Brasil ardió en llamas y los medios locales e internacionales voltearon los reflectores hacia el edificio con 200 años de existencia, en cuyas salas y bodegas se almacenaban e investigaban piezas de valor histórico y cultural, ideado por el rey de Portugal, Juan VI.

Dentro de los tesoros perdidos se contabiliza el esqueleto de la famosa australopithecus afarensis bautizada como Lucy, la mujer cuyos restos óseos eran los más viejos que se habían hallado en 1974, con una antigüedad mayor a 3.5 millones de años.

Con un área de 20 mil metros cuadrados, el inmueble también resguardaba la biblioteca científica más grande y equipada de Río de Janeiro, a cargo de la Universidad Federal de Río de Janeiro.

La mayor colección de arte egipcio en América Latina se redujo a cenizas, ya que en este recinto se encontraban más de 700 piezas que iban desde objetos faraónicos, hasta momias humanas, de gatos, peces y cocodrilos, adquiridas en 1826 por la entonces administración del museo.

Pero el Museo Nacional de Brasil también resguardaba la mayor colección de piezas griegas, romanas y etruscas en la región, al tener en su acervo 750 de éstas.

Luego de casi cuatro horas de combatir el fuego, por parte de bomberos, trabajadores y autoridades del lugar, las llamas cedieron pero varios techos se habían derrumbado y comenzó el recuento de los daños.

La subdirectora del recinto, Cristina Serejo, dio a conocer que el siniestro había provocado la pérdida del 90 por ciento del acervo, confirmando la cifra aproximada de 20 millones artículos con valor histórico de la humanidad como quemados.

El apoyo de la Unesco ante la ausencia de seguro

Una comitiva, enviada por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), trabaja en el lugar de los hechos para identificar los metales y materiales originales de la estructura, a fin de poder restaurar el inmueble.

Días después del incidente, la directora de la Unesco en Brasil, Marlova Jovchelovitch Noleto, aseguró que se trabajará en la restauración del edificio en la medida de lo posible, labor que tendrá un plazo aproximado de diez años.

Asimismo, arqueólogos y expertos comenzaron a recuperar el acervo que sobrevivió al incendio.

Cabe destacar que el Museo Nacional de Brasil carecía de seguro sobre su patrimonio y tampoco tenía una brigada de bomberos para atender cualquier situación de riesgo como la que se presentó.

Un museo abandonado

El 6 de junio el recinto había cumplido un bicentenario, situación que la administración, encabezada por el vicerrector, Luiz Fernando Dias Duarte, había aprovechado para denunciar que el edificio se encontraba en abandono.

Aunado a esto se tenía el antecedente de los paulatinos recortes que había tenido el museo, que desde 2014 recibía anualmente 520 mil reales (unos dos millones 680 mil pesos mexicanos), suma justa para su mantenimiento.

Sin embargo, debido a esta disminución, los visitantes y empleados se quejaban de cómo avanzaba el deplorable estado de conservación del inmueble, que para el momento del incendio contaba con paredes descascaradas, deterioro en la instalación eléctrica y la exposición de cableado eléctrico al público.

Quizás el origen haya provenido de esta situación, pero como siempre los temas políticos repercuten en las actividades culturales y para muestra este botón, que se quemó con todo y millones de años de historia, de los cuales ahora solo quedan algunas fotografías.

 

Con información de Esquivel para Primera Voz