Un grupo formado por casi un millar de mujeres decidió protestar manifestándose a favor de la liberación femenina, durante la elección de Miss América en New Jersey, un 7 de septiembre de 1968.

Las lideres del colectivo Mujeres Radicales de Nueva York, se instaló en el malecón de Atlantic City, la mayoría mujeres de mediana edad y amas de casa montaron un piquete a las afueras del centro de convenciones, donde se celebró el certamen de belleza, al considerar todos los concursos de belleza como sexistas, comparándolos, incluso, con las exposiciones de ganado vacuno donde se calificaba a las mujeres como si fueran reses.

Las mujeres depositaron en un contenedor de basura sus brassieres que nombraron como “instrumentos de tortura”, aunque no se les permitió quemarlos, el diario The Washington Post publicaría una nota falsa donde aseguró la quema de sostenes, lo que se difundió mundialmente volviendo un icono la quema de brassieres cómo protesta para la liberación femenina. Desde entonces, la quema de sujetadores (lo que suele llamarse ‘bra-burning’, y a sus protagonistas, ‘bra-burners’) se convirtió en una especie de símbolo universal, pero, ¿cómo surgió este artículo que feministas llamaron “instrumento de tortura”?

Un 3 de noviembre de 1914 se patentó por primera vez el sostén.

El motivo de crearlo era la protección del pecho femenino. Fue creado por Mary Phelps Jacob, cansada del corsé de la época que no cubría su busto y solía asfixiar, Mary busco ayudarse amarrando dos pañuelos con una cinta para tener un poco de comodidad.

Jacob comercializó la prenda en su tienda Varesse Crosby, pero más tarde tomó la decisión de vender la patente a Warner Croset Company por unos 1.500 dólares.  La solución que encontró Mary Phelps se ha convertido en una especie de segunda piel para las mujeres  y en todo un fetiche para los hombres.  

Si bien el objetivo de la norteamericana fue buscar comodidad y confort, no hay que olvidar que su modelo fue hecho a la medida, realidad contraria a la que viven la mayoría de las mujeres en la actualidad. De hecho, las mujeres que no usan la talla y la copa adecuada, pueden desencadenar dolencias mamarias importantes.

El origen de esta prenda comienza por el año 4.500 antes de Cristo. En Roma y Grecia, las mujeres se tapaban con una especie de faja que les sujetaba el pecho, espontáneo vendaje que también utilizaron las vikingas.     

El vendaje dio paso al corsé en la Edad Media, prenda íntima que redujo la cintura, oprimió el vientre y realzó el pecho de la mujer hasta finales del siglo XIX.  

En 1907, Pierre Poiret presentó en París un modelo confeccionado con una tela sedosa y armado con finos alambres, un gran avance en comodidad y sujección, pero fue Mary Phelps Jacob, quien se convirtió en la inventora del sujetador moderno tras patentar esta prenda en 1914.   

Durante los años veinte, al mismo tiempo que la actriz Mae West popularizaba esta prenda, la modista judía de origen ruso, Ida Rosenthal, ideó diferentes tallas de sujetadores en función de la anatomía de la mujer.  

En la década de los 50, la prenda de moda el “bullet-bra”, un modelo con copas puntiagudas que levantaba mucho el pecho y otorgaba a la mujer un aspecto sensual.    

En los años ’60 aparecieron los primeros sujetadores sin tirantes y la lycra fue el material estrella para confeccionar sostenes.  

En la década de los ’80, la moda era la confección del sostén en base a encajes, blondas y puntillas.    

Durante los ’90, la lencería vive su época dorada y se presenta con copas especiales y rellenos para realzar la belleza.