La ominosidad de los discursos negativos, exhibidos abiertamente por Donald Trump, fracturan la vida pública, ante la crisis global que se vive de derechos humanos. Sus antivalores se han vuelto un símbolo de sus discursos, que frecuentemente utiliza para justificar las agresiones que está haciendo sobre migrantes.

Sus mensajes imponen estigmas de peligrosidad y promueven el cierre político, jurídico y territorial de Estados Unidos, como un dictador, y como si no existieran leyes y un Estado.

Su discurso es tan patológico…

Que al expresarse negativamente no es solo irreverente sino xenófobo. Sus declaraciones son lesivas, discriminatorias y algunas son apologías del delito, donde genera la confrontación y violencia política, lejos de los valores jurídicos y éticos.

El eco que genera su discurso dentro de la sociedad estadounidense y el apoyo de miles de votantes que empatan con sus ideas y que, delicadamente este país es uno de los Estados más influyentes del planeta. Desde que Trump era candidato presidencial representaba implementar a una persona con un profundo rechazo por los migrantes mexicanos, claramente pretendía la negación de los derechos patrimoniales.

Trump siempre genera condiciones de agresión hacia los grupos etnográficos que sean distintos a su preferencia. Es tan exacerbado que parece dictador y su xenofobia, en el siglo pasado bien pudo formar parte de genocidio, el apartheid y los Gulags -recordemos que primero se justificó la supresión y violación de derechos, después se aprobó la aniquilación.

Es grave que a diario se le deje pasar por alto su discurso cargado de discriminación, lo que sólo es una antesala de la agresión física, es la propaganda de su lenguaje político. Su campaña de odio tiene efectos nocivos en la vida cotidiana de los migrantes fuera y dentro de Estados Unidos.

No se debe permitir que ese lenguaje que se ha vuelto su símbolo siga siendo una representación de la violencia verbal y su arma política con la que humilla y aminora la autonomía con intimidaciones.

Trump no tiene el derecho de ofender y violar los derechos humanos con un discurso de odio y con sus formas intolerantes y retrógradas, sobre todo no hay que olvidar que el país que ahora manda se forjó con inmigrantes de todo el mundo. Y la contienda por permanecer en el cargo sería seguir en la involución del sentido humanista, polarizando y promoviendo, en cambio, el miedo, rechazo y humillación de la comunidad migrante. En suma, su discurso tiene consecuencias en el comportamiento individual cotidiano. Este comportamiento impacta en la percepción comunitaria.

La negra campaña política de Trump…

Es negar a los otros y justificarse con la autodeterminación y soberanía, mismas que han perdido su significado territorial, que pese a que dieron surgimiento al Estado los posicionamientos del mandatario estadounidense, solo consisten en reglas para someter el poder a sus precarios pensamientos irracionales. Contradictorio a que sirvieran para liberar de la opresión a grupos, pueblos y minorías o el ideal tener paz.

Por supuesto no le importa, en absoluto, que el Derecho funja como un límite del poder político, dando forma a la sociedad como directriz al comportamiento de los sujetos, en la esfera pública y privada, donde olvida, los acuerdos de las reglas entre Estado y sociedad. Claro, todos los niveles de gobierno participan en esta violación de derechos.

La protección, garantía efectiva y adjudicación, se violan en esta realidad de las migraciones hacia Estados Unidos, donde los abusos, pese a ser notorios, las violaciones de derechos humanos no tienen una solución jurídica, económica y política. Se siguen perpetrando y globalizando transgresiones de los derechos humanos y de la política internacional.

La universalidad de los derechos humanos se han vuelto una aspiración, promesas incumplidas e ideales de justicia; la crisis de migración en diversos contextos tiene marcado el rechazo a la universalidad y efectiva realización de los derechos, creados en la Declaración Universal de los Derechos Humanos y de todos los tratados que emanaron después, se violan todas las categorías para el ejercicio de la democracia, bienestar, igualdad, cultura, qué decir, no permite que se viva con un sentido humanista.

Es deplorable que, aún en la actualidad, no se termine con la opresión entre seres humanos y que contrario surjan discursos de odio tendientes a suprimir los derechos de grupos minoritarios, y con sus famosas frases populistas de instigación se les prive de posesiones, derechos civiles, se les expulse, deporte o incluso, asesine.

La radicalización del lenguaje ofensivo de Trump…

Influye en la cultura y se vuelve el mensaje político con lucha de poder; Trump debería ser descalificado por la sociedad, y analizar sus discursos en base a los derechos humanos que existen, precisamente directriz de los pueblos y de la comunidad internacional para limitar los abusos de poder.

En los discursos del mandatario destaca la xenofobia, el rechazo a extranjeros, así como a los pueblos originarios cuando se trata de grupos migrantes que están buscando proteger su vida, encontrar empleo y vivir libres de miedo y pobreza.

Los migrantes sólo buscan vivir en mejores condiciones, donde él instinto es la supervivencia y proyección de su autonomía, es la justificación de la migración. La migración no transgrede la ley ni las instituciones, no buscan confrontar el Estado de derecho.

Sin embrago, el rechazo de la migración vulnera los Derechos de la vida comunitaria; en el caso de extranjeros inmigrantes y de los grupos vulnerables (mujeres, niños, ancianos, minorías etnicolingüísticas) la situación se endurece ya que se enfrentan de lleno a la distinción de extranjero, modificando su estatus en la sociedad, imponiéndoles exigencias legales para el disfrute de sus derechos civiles, políticos, socioeconómicos y de libre tránsito, colocándolos como inferiores de los ciudadanos estadounidenses.

El sistema internacional de los Derechos humanos propone…

La universalidad de los derechos como la igualdad de razas, oportunidades de trabajo, educación y trato digno con la utopía de la búsqueda de paz. Todas las personas hemos sido atribuidas de todos los derechos independientemente al origen etnico, político, religioso y geogràfico, todos dispuestos en la normatividad nacional e internacional, aunado a su sistema de protección en todos los niveles de gobierno.

Los discursos del mandatario propician el odio y plasma el rechazo, descalifican y humillan haciendo señalamientos hacia los migrantes. Su discurso de odio es parte de la opinión pública del gobierno, de los sujetos y de posibles grupos violentos.

El pensamiento radical del odio de Trump, es el modelo de pensamiento que puede crear enfrentamientos, tiroteos y asesinatos masivos entre humanos.

Y lamentablemente, el actual gobierno mexicano ejerce la misma violación de derechos de migrantes centroamericanos, al restringirse sus derechos por el concepto de nacionalidad, colocándolos en situaciones vulnerables y sin los mismos derechos que los mexicanos, violando la máxima norma.

 

Con información de Samatha Lara para Primera Voz