Hoy es un día importante para la música mexicana y, sobre todo, para los admiradores de cierto cantautor originario de Dolores Hidalgo, Guanajuato. El X Festival Internacional de José Alfredo Jiménez comenzará actividades hoy a las 10 de la noche con una gran serenata que partirá desde la Parroquia de Nuestra Señora de Dolores y continuará el Panteón Municipal de Dolores Hidalgo, donde, por obra de su yerno, el arquitecto Javier Senosiain, brotó de la tierra uno de los tributos póstumos más cargados de significado que existen en todo México.

Un sombrero de charro da sombra al lugar de reposo definitivo de José Alfredo Jiménez; se trata de un sombrero “de cuatro pedradas”, llamado así porque, dice la tradición, los hombres solían arrojarse piedras al pelear y sus sombreros terminaban por salvarles la vida, conservando las abolladuras como recuerdo. En medio de estos cuatro hundimientos se encuentra una cruz, formada por 113 cristales azules que indican el número de habitación en la Clínica Londres de la #CDMX donde el cantautor exhaló su último aliento.

La particular orientación de la tumba (hacia el poniente, a diferencia de las demás, que miran hacia la entrada del camposanto) permite que los rayos del sol atraviesen esos 113 cristales y arrojen una cruz de luz sobre las burbujas de un lago cristalino que se encuentra un metro y treinta centímetros sobre los restos de José Alfredo; así, gracias a la posición de la tumba y obedeciendo a la naturaleza de su poesía, José Alfredo se va cada día con el sol cuando muere la tarde.

Una estructura que semeja una boca abierta, como si cantara, encierra la mítica frase a la que muchos, en algún momento de nuestras vidas, nos hemos acogido para darnos valor y tomar alguna decisión importante. En cualquier caso, no deja de ser dramática y trágicamente cierta.

Se dice que esta frase la acuñó José Alfredo Jiménez después de la muerte de su hermano mientras consolaba a su madre, la señora Carmen Sandoval Rocha. A ella le quedó tan grabada en el corazón que solicitó que la frase acompañara el sepulcro que comparte con su hijo a petición de éste, aunque las cosas salieron al revés de como las pensó el cantautor en su momento. José Alfredo dijo un día a doña Carmen:

— Mamá, cuando yo me muera quiero que me entierren cerca de usted.

Lo que no sabía es que sería ella quien le alcanzara en el sepulcro, doce años después, y que el homenaje los uniría aún más a través de las doce grecas de sarape que representan los años que pasaron separados antes de reunirse en la eternidad.

Hablando del sarape, su trama multicolor se compone de azulejos y losetas fabricados en el mismo Dolores Hidalgo y simula la silueta de la Sierra de Santa Rosa, que atraviesa buena parte de Guanajuato. El recorrido empieza en la capital del estado y termina en Dolores Hidalgo, precisamente “ahí nomás tras lomita”, pero ese no es todo su encanto: en las grecas están escritos los nombres de las canciones más exitosas del señor Jiménez, a excepción de 91 de ellas, que corresponden a piezas inéditas. Entre más famosa es la canción más ancha es la greca.

Vale la pena invertir el fin de semana en este maravilloso y apacible lugar rodeados de buen licor, excelente música y mucho mejor ambiente. Aprovechen que es viernes y muchos ya salieron de trabajar para visitar la tumba de José Alfredo Jiménez y dejarse llevar por los Caminos de Guanajuato.

 

Con información de Siete Leguas para Primera Voz