Todos conocemos a personas que tienen distorsiones mentales pero no es tan fácil identificarlas, y es mucho más complicado detectarlas en uno mismo. La distorsión mental, también conocida como falsa atribución, tiene implicaciones graves en el desarrollo psicológico y físico de la persona que lo mantiene como hábito y en quienes la rodean; sin embargo, esta conducta tiene remedio a través de tratamiento y disposición.

¿De qué se trata?

La falsa atribución tiene un aprendizaje social y en casos es consecuencia de experiencias traumáticas; quienes la presentan se convierten en una especie de esponja culposa sin considerar el contexto de cada una de las situaciones que permean y a veces, no menos grave, sin tomar en cuenta las afectaciones que provocan en las personas cercanas.

Lo malo que ocurre a su alrededor se lo atribuyen a sí mismas, aunque no tengan nada que ver. Una percepción equivocada les lleva indefectiblemente a la conclusión interpretada de que todo es su culpa, o en contrapunto, todo es culpa del otro.

Es una conducta catalogada de infantil e inmadura, porque en el fondo existe un egocentrismo magnificado que les indica que todo tiene que ver con ellos, como si fueran el centro del universo; el desglose de cada arista se traduce en maquinación de manipulaciones y chantajes para descargar en los otros y sentirse “en paz” con su raciocinio.

El gran ego oculto de las personas que piensan que todo es en su agravio o que todo es culpa suya, es en el que se produce un desencuentro entre el ideal de cómo debería ser el comportamiento, y la realidad vivida, causando dolorosos conflictos personales con los más allegados.

Las personas con estos sentimientos se llenan de obligaciones aunque éstas no les correspondan. Son extremadamente escrupulosos y exigentes a la hora de enjuiciarse, y a menudo llegan al autoreproche.

Para ello, recomendamos unos sencillos pasos y así evitar caer en una falsa atribución:

1.- Identifica los sentimientos de culpa o agravio. Analiza en qué situaciones sobrevienen.
2.- Acéptalos como normales y comprensibles. Esto es importante para poderlos combatir y controlar.
3.- Habla con otras personas para expresarlo, pero sobre todo, consultar a un profesional en la materia te hará dar pasos agigantados
4.- Reconoce tus propios límites.

 

Con información de Primera Voz, Graciela Moreschi y Jordi Pons