Si los hechos hablan, las palabras sobran. Los ciudadanos podemos recibir lecciones morales cada mañana, podemos agradecer incluso el intento de los lideres electorales de ser ejemplos espirituales, sin embargo, no están ahí para gozar de nuestra confianza sobre sus valores, están ahí para aplicar la ley, para implementar acciones que no solo por ser distintas deben ser elogiadas, tendrán que ser calificadas por sus resultados.

Ello implica transparencia y rendición de cuentas y no sólo discursos que podrían contradecirse con los hechos, y existen dudas razonables sobre las decisiones que se toman cuando se entrega por ejemplo a la banca privada de manera directa, sin licitación alguna, la repartición de las Tarjetas del Bienestar. (Podremos hablar en una siguiente entrega de todo lo que no se ha licitado en el presente gobierno y claro que podría ser interminable hablar de esto si nos refiriéramos a los gobiernos anteriores, pero quiero entender por ahora de que se trata la transformación tan reiterada).

La Secretaría de Hacienda argumenta que “no hay licitación porque los contratos de servicios financieros no están sujetos a la ley de adquisiciones”, pero abusar de la interpretación de la legislación es un exceso, pues otorgar el contrato a Banco Azteca es un decisión política y discrecional, en la que los beneficiarios no tuvieron opción para elegir.

Por más que se asegure que las cosas se hacen de distinta manera, es difícil comprender porque se privilegia la concentración económica de los mismos grandes empresarios, ese capitalismo de cuates que publica The Economist, México, donde ocupamos el séptimo lugar, ese mismo México que mantiene maniatado un capitalismo lejos de la competencia o la productividad y tan cerca como siempre ha sido, del favoritismo y la concentración.

Es cierto, hoy estamos muy lejos de alcanzar el mandato del Banco del Ahorro Nacional y Servicios Financieros de apoyar el desarrollo institucional del sector de ahorro y crédito popular y promover la cultura financiera y el ahorro entre sus integrantes, a través de la oferta de productos y servicios adecuados, una sólida infraestructura tecnológica, un equipo humano profesional y comprometido, así como de la coordinación de apoyos del Gobierno Federal y de diversos organismos.

Por otro lado, también estamos lejos de contar con una banca social, sustentable, sostenible pero tampoco se está haciendo algo para convertirla en una alternativa, que se distingue de la banca convencional en su naturaleza social de los proyectos que puede financiar, en la orientación ética de las empresas en las que pudiera invertir y en la transparencia de sus actuar; valores todos ellos tan divulgados a favor del pueblo.

Pero argumentar que esta es la mejor opción sin hacer un esfuerzo por ofrecer más opciones, señalando que es porque tienen más presencia en el país, (cuestión muy discutible por cierto), y ocultar que recibe el mayor número de quejas no atendidas por parte de sus usuarios reclamando malas prácticas de cobranza, acreditando con ello su ambigüedad ética, nos vuelve a colocar en lo que nos dijeron desaparecería de inmediato con el nuevo gobierno; la concentración de la riqueza y el poder económico de unos cuantos.

Claro que deseamos apoyar sus propuestas cuando acrediten desde su origen y justificación, el beneficio de la generalidad, pero apoyar solo las palabras de una gesta heroica basada en la fe, al margen de los hechos, me temo que solo ayuda a alimentar la idea de una salvación subjetiva, cuando lo que necesitamos urgentemente es el cumplimiento de nuestro amplio marco normativo; mi devoción se inclina más por ello, que por las adjudicaciones directas.

 

Con información del Lic. José López Cano para Primera Voz