La legalización de la marihuana con fines recreativos en Canadá es un reconocimiento a la lucha internacional contra las políticas prohibicionistas en el mundo, que no han hecho más que fortalecer a las mafias de la droga y han dejado miles de muertos, consideró el especialista en geopolítica de la Universidad Nacional Autónoma de México, Víctor Francisco Olguín.

El también investigador de la Marina Armada de México opinó que el nuevo marco legal sobre la marihuana en territorio canadiense “se tardó bastante” en un país donde “las instituciones reguladoras y de procuración de seguridad sí funcionan”.

Agregó que la entrada en vigor de la Ley C-45, que cobija el marco jurídico del cannabis, refleja que también hay una demora en los países más desarrollados en cuanto a reconocer que perseguir su venta y consumo está fracasando.

A partir de este miércoles, Canadá se convierte en el primer Estado del G-7 en dar un vuelco a la política en materia de drogas, un paso que ya dieron Uruguay y Holanda.

Para Olguín, a nivel regional, la nueva ley canadiense se coloca como antesala para una despenalización a gran escala entre los países integradores del Acuerdo Estados Unidos-México-Canadá, que heredó el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), ya que “si México legaliza la marihuana y EU lo hace a nivel federal (algunos estados ya lo avalan), el pacto tendría que incluir un esquema para regular el flujo de importaciones y exportaciones de productos cannábicos en la zona”.

El consumo y venta legal de la marihuana en Canadá podría atraer a ciudadanos estadounidenses que deseen comprar el insumo, sobre todo entre la población que la usa con fines medicinales, pues aunque algunos estados de la Unión Americana ya lo aprueban, hay casos de personas que se han desplazado a los sitios donde es legal.

Pese a destacar que es necesario que el mundo replique el modelo canadiense, el académico puso el índice sobre los riesgos que la medida podría detonar.

“No podemos descartar inconvenientes: legalizar las drogas, no sólo la marihuana, implica arrebatarle el negocio al crimen organizado, al no tenerlo, comenzarían a incursionar en otras actividades ilícitas como el robo, secuestro o la trata”, observó.

Sin embargo, dijo, frente al evidente problema con la criminalidad, “los gobiernos deben comenzar a tratar el asunto como un problema de salud pública”. Además, consideró que la sociedad debe abandonar los estigmas para derribar los obstáculos que no permiten una solución práctica al consumo excesivo y venta ilegal.

En el terreno financiero, el nuevo marco canadiense permite mover el dinero de la industria a través de los bancos, su transporte entre provincias, venta en línea, envíos e inversión en el sector.

Se espera que mañana al menos 109 locales de venta abran en ese país de 37 millones de habitantes. Por ahora, se venderán flores secas, cápsulas, tinturas y semillas.

Las autoridades cobrarán 10% de impuesto con un mínimo de un dólar por gramo. El gobierno se quedará con una cuarta parte y el resto en las provincias.

En algunas provincias, las residencias o los hogares tendrán derecho de tener hasta cuatro plantas.

Actualmente hay 120 productores de marihuana que trabajan en Canadá de manera legal, incluidas operaciones grandes.

 

Con información de Primera Voz y La Razón de México