El jueves 7 de septiembre de 2017, un sismo de 8.2 grados sacudió no solo la tierra, sino las consciencias y la vida misma del país. Con epicentro en el Golfo de Tehuantepec, 133 kilómetros al suroeste de Pijijiapan, Chiapas, el sureste mexicano fue el más castigado.

El sismo de mayor intensidad registrado en los últimos  100 años, incluso más severo que el del 19 de septiembre de 1985, dejó un saldo de más de 100 muertos y daños en más de 100 mil viviendas.

Faltaban 11 minutos para la media noche. La mayoría de personas  comenzaba a caer en sueño profundo, cuando  la sacudida llegó cobijada por la oscuridad que por algún tiempo ayudó a ocultar la magnitud de la desgracia.

Tras el sobresalto y a cuentagotas por la falta de energía eléctrica y de internet en las zonas afectadas, las primeras imágenes llegaron a través de las redes.  Las fotografías estremecían: edificios derrumbados, muertos, lesionados, miles de viviendas destruidas, patrimonio histórico afectado, vías inservibles, escuelas, mercados, oficinas gubernamentales y comercios convertidos en montones de escombros.

Esa misma noche, y en medio de la consternación, una  imagen revivió la esperanza y dio la vuelta al mundo. Salió de Oaxaca, de Juchitán para ser más exactos, uno de los municipios más afectados por el terremoto.  Un hombre levantó de entre los escombros del Palacio Municipal la bandera de México, la izó sobre un palo y la colocó en lo más alto de los despojos.

El sismo afectó municipios de Chiapas, Tabasco y Oaxaca. Más de 31 mil viviendas tuvieron daños parciales, 13 mil 665 se destruyeron totalmente y 19 mil 416 resultaron inhabitables, es decir, 64 mil 728 en total. Además, cerca de 62 mil establecimientos se vieron afectados, así como 267 escuelas.

En Chiapas 16 personas perdieron la vida y 97 municipios tuvieron daños. Respecto a las casas, 41 mil 564 tuvieron daños parciales, 5 mil 498 se perdieron de manera definitiva y 11 mil 305 resultaron inhabitables.

Más de 49 mil 500 establecimientos fueron afectados, igual que 2 mil 364 escuelas, y dos se destruyeron de manera total. El movimiento de la tierra afectó la zona arqueológica de Chiapa de Corzo, el Templo de Santa Lucía y la Catedral en San Cristóbal de las Casas.

Hoy,  a  un año de la tragedia miles de personas siguen sin recuperar por completo su vida; su hogar, su escuela, su negocio.

La procuradora del Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF) en Juchitán, Oaxaca, Coyolicatzin Aquino Castillo, señala que a un año de los sismos de 2017 los menores de edad han tenido que enfrentar la pérdida de sus viviendas, su escuela, el trabajo de sus padres, y en algunos casos la pérdida de sus seres queridos.

Reconoce que no hay cifras certeras del número de familias afectadas y mucho menos de los niños; sin embargo, explicó que muchos de ellos no han podido integrarse a un hogar y en la actualidad viven en condiciones de hacinamiento en viviendas de otros familiares, en casas temporales donadas por algunas instituciones o en campamentos.

Incluso hay niños que no pudieron regresar a la escuela simplemente porque sus padres dieron prioridad a otros gastos como el pago de la renta de un lugar para vivir y ahora ellos colaboran en el trabajo o en el cuidado de sus hermanos y de la casa.

Tan sólo en el municipio de Juchitán, 80 escuelas tuvieron daño total y a la fecha sólo una, el Centro Escolar Juchitán, ha sido reconstruida; otras se encuentran en proceso, mientras que unas más ni siquiera han sido demolidas. Los niños que han podido regresar a sus estudios tienen que tomar clases al aire libre o bajo el techo de algún espacio deportivo.

Además de eso, los habitantes de Oaxaca tuvieron que enfrentarse al engaño, pues dos inmobiliarias se acercaron a ellos ofreciéndoles ayuda para reconstruir sus hogares, les pidieron las tarjetas con recursos  que les fueron entregadas por la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (SEDATU) supuestamente para con ello comenzar a edificar sus viviendas y hasta ahora no ha pasado nada. Tras construir una o dos casas, las inmobiliarias dejaron el municipio y hasta el momento sus moradores no saben nada de ellas.

De acuerdo con el último padrón reportado, en Juchitán hay 15 mil damnificados,  la mitad es de pérdida parcial y la otra mitad de pérdida total de sus viviendas; los recursos del FONDEN  han llegado y comenzado a repartirse: 120 mil pesos por pérdida total y 15 mil para quienes tuvieron pérdida parcial.

 

Con información de Primera Voz y Capital México